Por: Leticia Cruz 

Grupos criminales que acompañan a grandes empresas, así como acciones represivas gubernamentales, generan ambiente de temor entre los habitantes de las zonas donde pretenden asentar grandes proyectos y donde se dan movilizaciones sociales en Veracruz, expuso en entrevista el director del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-Golfo), Saúl Moreno.

Ante megaproyectos, como minas a cielo abierto e hidroeléctricas, así como ante sucesos que afectan a la sociedad como es la violencia, la sociedad se organiza y se agrupa para movilizarse y hacer exigencias, refirió.

En el estado de Veracruz ha surgido una fuerte movilización social en torno a la violencia, como es el caso de los colectivos de familiares de desaparecidos; así como contra proyectos mineros en los municipios de Actopan y Alto Lucero, además de la resistencia por la defensa de los ríos en lugares como La Antigua y Amatlán.

Sin embargo, las movilizaciones sociales se enfrentan a una gran complejidad, pues en un escenario de exacerbada violencia no se puede ignorar que las agrupaciones sociales se vuelven blanco de intimidaciones y represión que buscan inhibir su lucha, esto por parte del crimen y el gobierno, refirió el académico y director del CIESAS-Golfo.

“La violencia no es una casualidad, por decirlo. Antiguamente cuando las compañías extranjeras llegaron a México y en particular a Veracruz, en la zona norte por ejemplo que se llamó la faja de oro, había guardias blancas que fueron a principios del siglo XX que eran matones a sueldo que trabajaban para las compañías, había uno muy famoso que se llamaba Manuel Peláez que trabajaba para las compañías norteamericanas que buscaban petróleo y entonces se dedicaban a asolar los pueblos para atemorizarlos y comprarles muy baratas sus tierras”.

Al respecto, destacó: “Digamos que ahora algunos grupos criminales ocupan ese papel, generar un ambiente de miedo, un ambiente de temor. Eso afecta mucho a la movilización porque la gente tiene miedo a manifestarse”.

Eso, dijo, por el lado de los criminales, pero también la intimidación y represión se da por parte de los gobiernos.

La violencia, no por casualidad, comentó, está siempre cerca de las movilizaciones sociales. En ese sentido cabe recordar el asesinato del activista Noé Vázquez en Amatlán en 2013, quien se mantenía en defensa contra la hidroeléctrica de El Naranjal, en la zona centro del estado.

No obstante, en el gobierno estatal actual a cargo de Miguel Ángel Yunes, ha recurrido también a la represión, como ocurrió en el municipio de Coxquihui cuando padres de familia realizaban un bloqueo para demandar atención de las autoridades ante un posible brote epidemiológico que afectaba a los menores, refirió.

“También en el caso del gobierno actual del licenciado Miguel Ángel Yunes, ya a últimas fechas demuestra, en mi opinión, una especie de desesperación y ha considerado que recurrir al uso de la fuerza pública ha sido lo más conveniente para contener los movimientos sociales, pero lo que ocurre es el efecto contrario: las personas al verse agraviadas van a tender a seguirse manifestando”.

La sociedad que se moviliza se enfrenta entonces a una estructura mucho más complicada de lo que podría parecer en primera instancia, porque la gente no sabe quién realmente está detrás de intereses que representa aquello contra lo que se lucha, acentuó Saúl Moreno.

“Qué difícil es cuando tú realmente no sabes quién es la persona que puede atentar contra tu integridad física, eso complica el escenario”.

Y es que en este escenario se está dando otro fenómeno, ahondó, como el” paramilitarismo que se está generando en las fuerzas criminales, como si fueran paramilitares al servicio de intereses y de grupos, como compañías -empresariales-. No es nuevo, eso ha existido en Veracruz siempre, siempre ha habido el uso de este tipo de grupos -que ejercen violencia-, como los cacicazgos que tienen sus grupos de matones; entonces ahora se usa también a criminales para contener los reclamos y generar un clima de miedo para que la gente no quiera salir a la calle, no se quiera manifestar”.

Esta complejidad del escenario se incrementa con la precariedad, es decir, la falta de empleo y oportunidades, lo cual hace que la gente esté muy vulnerable a cualquier agresión, “es un contexto en el que hay violencia, hay precariedad laboral y se genera desánimo y desencanto en la sociedad, entonces se está teniendo un panorama terrible”.

Sin embargo, y a pesar de lo complejo y riesgoso del escenario, apuntó el investigador y director del CIESAS-Golfo, Saúl Moreno, se ha visto que “los movimientos sociales se van a seguir manifestando a pesar de la violencia tanto del crimen como la violencia del gobierno”.

Fuente:Agencia Imagen del Golfo