EL QUEHACER DE LA ANTROPOLOGÍA SOCIAL Y LA ETNOLOGÍA: SU APLICACIÓN.  

Salomón Nahmad / CIESAS-Unidad Istmo

 

  1. Problemas de la Ciencia

La búsqueda de nuevas rutas y caminos que aprovechen el conocimiento etnológico y antropológico, acumulado durante más de un siglo en México y en el mundo, demanda una reflexión muy cuidadosa y profunda. Es necesario que comprendamos la articulación entre el conocimiento científico acumulado y su aplicación, y como influye esta articulación en la formación de nuevos profesionales en el campo de la antropología aplicada.

Manuel Gamio inició, en 1915, un trabajo extraordinario que dio como resultado La Población del Valle de Teotihuacan (1922); el estudio fue realizado sustantivamente en el Estado de México. El propósito de Gamio era articular el conocimiento diacrónico (arqueología, historia, etnohistoria) con el sincrónico de una región, para obtener, de esta manera, un diagnóstico de la realidad de ese momento (geografía, tenencia de la tierra, demografía, organización social, etcétera), que sirviera para la planificación de proyectos, de políticas públicas o privadas.

Esta primer experiencia de antropología aplicada a nivel mundial convirtió a un arqueólogo en un antropólogo social y en un planificador interdisciplinario que tuvo una visión de largo alcance y una prospectiva que logró entender a la población indígena, y en general a toda la población. Podríamos recomendar como un texto de antropología aplicada este original trabajo, que fue su tesis doctoral en la Universidad de Columbia. Este histórico estudio logró conjuntar investigadores de distintas áreas: geógrafos, arquitectos, historiadores, demógrafos, biólogos, abogados, etnógrafos, artistas, etcétera, lo cual permitió un conocimiento más completo de una región; y hoy mismo, ochenta años después, pudieran verse los cambios sociales, culturales, políticos y sobre todo económicos de todos los municipios que estudió Gamio. Si estudiaramos hoy el Valle de Teotihuacan tendríamos otra dimensión de la realidad social y de lo que ha pasado. No se ha llevado un registro continuo de la región, aunque Margarita Nolasco había realizado en los años sesenta una revisión de este estudio. El seguimiento de los procesos sociales nos permitiría fundamentar el trabajo  antropológico, así como, los impactos que la modernización ha traído, los cambios sociales producidos, conoceríamos lo que se ha suscitado en el devenir histórico.

Las ciencias sociales no pueden solo dedicarse al análisis puramente académico y especulativo, tienen su valor por su reflexión crítica y por su aplicación, que tienen que beneficiar a la gente y a la sociedad humana. Esto conlleva principios éticos que son muy importantes para todas las ciencias, y principalmente para la Antropología. El sujeto de nuestra investigación y de nuestra  acción es el ser humano, en contextos sociales y culturales diversos, y cualquier medida o política que se tome tendrá un impacto sobre éste. Se registran infinidad de casos a nivel nacional e internacional en los que se han tomado decisiones políticas que han afectado a muchas sociedades y a millones de seres humanos. Sin duda las metodologías y las técnicas antropológicas establecen un acercamiento microsocial que nos permite conocer cualitativa y cuantitativamente las formas de vida de una población; pero las medidas y sugerencias para una población tienen que respetarla y tienen que establecer o proponer una relación de equidad y justicia.

 

2. La Antropología y la Pluralidad Étnica

 Desde que me inicié como etnólogo, hace cuarenta años, al trabajar bajo las órdenes de Roberto Weitlaner y después bajo la dirección de Ricardo Pozas, Julio de la Fuente, Aguirre Beltrán, Ángel Palerm, Alfonso Caso he pensado que tanto en la antropología como en la sociología juegan un papel fundamental el compromiso del investigador y el futuro y destino de las sociedades sujetas a estudio. De éstos maestros aprendí que cuando se observan fenómenos multiculturales e interculturales bajo la óptica y la perspectiva antropológica se tienen una dimensión más profunda, más amplia que la que otros expertos o investigadores de otras áreas.

En general, los impactos sociales que en el mundo moderno se han generado, en las distintas sociedades en la mayoría de los casos han sido compulsivos, inducidos o manipulados desde el exterior a éstas; y si bien la afectación ha sido en ocasiones baja en otras ha sido muy alta, hasta el exterminio social o biológico (etnocidio o genocidio). La historia del siglo XX está cargada de múltiples ejemplos de acciones compulsivas, no humanitarias ni favorables a las comunidades y sus culturas. En muy pocos casos las acciones han sido autoplaneadas y autodirigidas; en general han sido poco exitosas.

El ejemplo más claro de antropología aplicada en México hoy se conoce como indigenismo; esta política pública está dirigida a los pueblos originarios del país, y se refiere a la relación interétnica entre los pueblos indígenas, la sociedad nacional y el Estado. Sus construcciones teóricas al ser aplicadas generan fuertes impactos pues estaban dirigidas a la asimilación, la incorporación o la exclusión de los pueblos indígenas. De aquí partió una teoría integracionista más sutil que utilizaba el concepto de aculturación dirigida. La política que surgió de este marco teórico prácticamente ha concluido [1] con el levantamiento armado de los indígenas zapatistas en Chiapas. En este estado se desarrollaba el proyecto piloto más importante a nivel nacional y mundial para la integración de los pueblos indígenas a la cultura y a la sociedad nacional. La crítica y autocrítica de la antropología ha permitido hacer replanteamientos para el diseño de nuevas teorías antropológicas de autogestión y redimensionamiento geopolítico de la sociedad mexicana. Los pueblos indígenas no deben de ser excluidos del proyecto nacional, deben ser parte de éste con sus propias características: sociales, lingüísticas, culturales, de gobierno, de religión, etcétera. Una política de inclusión implica la construcción de una sociedad mexicana en la diversidad.

La antropología que no se sujeta a una revisión analítica y crítica tiende a congelarse; resulta necesaria su reconsideración en función de los efectos que ha generado su aplicación. Tal es el caso del indigenismo y la antropología interétnica, en los cual he trabajado más ampliamente. Las recomendaciones que produce una antropología crítica generalmente no son recibidas favorablemente por los políticos, los funcionarios que implementan las políticas públicas, por los miembros de la sociedad dominante. Sin embargo, las tensiones y los conflictos generados al tratar de contener las fuerzas internas de las sociedades se revierten en crisis sociales, y en ocasiones se transforman en guerras, que al final de cuentas responden, en lo general, a las predicciones que los científicos sociales habían hecho.

Hemos ido lenta y temerosamente construyendo una sociedad multiétnica, multicultural, multilingüística, porque hemos asumido un papel desestructurador conforme al modelo la sociedad dominante, que se sostiene mediante el colonialismo interno. Hoy, por ejemplo, las fuerzas que en el pasado eran reticentes tienen que aceptar que los pueblos indígenas demandan una reforma estructural y geopolítica que permita los cambios necesarios para construir una sociedad más igualitaria y justa, que por la vía de programas integracionistas, asistenciales y paternalistas no se logró y solo pospusieron la solución de los problemas sociales. Hoy vivimos los resultados derivados de la resistencia a los cambios que la sociedad necesitaba y que en su momento fueron vislumbrados por el conocimiento que la antropología había desarrollado desde 1975; durante más de veinte años se había señalado como urgente modificar la política étnica del país.

Cada vez existe mayor necesidad de profundizar en el conocimiento, existe la necesidad de realizar diagnósticos de las sociedades y comunidades para poder tomar decisiones; son muchos los casos de los proyectos quebrados y frustrados que se podrían señalar.

 

3. Primero la Gente y la Planificación Social

En un artículo reciente Virginia Molina señala que Ángel Palerm (maestro de muchas generaciones de antropólogos) fundamentó su trabajo teórico en función de una antropología aplicada y de la planificación social. Eran su preocupación central, aunque en ocasiones de la impresión de que su interés estaba más en los aspectos teóricos, que sin duda tienen una relación con el quehacer del antropólogo profesional. Virginia nos muestra las bases de Ángel con solo una cita:

“…..una ampliación efectiva de la capacidad humana de manejar la realidad y de controlarla de tal manera que pueda conseguir de ella las transformaciones deseadas y previsibles. (como consecuencia, toda ciencia debe realizar un esfuerzo para) generar tecnologías de base y con fundamentación científica que permitan la utilización práctica de los conocimientos desarrollados y representen una conexión constante entre la teoría y la praxis, entre la investigación para y la aplicación de la ciencia”. (1993, pp. 345-346).

De la misma manera, si revisamos los trabajos de Juan Comas, Julio de la Fuente, Aguirre Beltrán o Ricardo Pozas vamos a encontrar en todos ellos una preocupación central: la gente; es decir, lo que ha llamado Michael Cernea “Primero la Gente” (1995). Demuestra el análisis de Cernea que existe una consideración general, que los proyectos (financiados multilateralmente) de ingeniería civil, agronomía, salud, etcétera, van dirigidos al bienestar de la gente. Pero que en la realidad no se consulta a los beneficiarios, no se les hace participar, lo cual genera una infinidad de conflictos sociales y de proyectos supuestamente de “desarrollo” que hoy están muertos y que se expresan en obras que son verdaderos monumentos arqueológicos del desarrollo moderno.

Por estas razones la antropología, con su perspectiva y con su visión, puede apoyar los procesos de autodesarrollo, de autonomía, de autogestión, para el manejo de proyectos. En este sentido, la óptica diacrónica y sincrónica permiten orientar la prospectiva de los proyectos para que tengan un mayor impacto y un efecto positivo en el bienestar de las poblaciones de acuerdo a sus características culturales.

Es una necesidad que la población participe en el diseño (incluyendo la investigación básica) y ejecución de sus proyectos, cualquiera que éstos sean,  que el poder de decisión se comparta entre los responsables externos y la sociedad beneficiada.

Por ejemplo, cuando estuve en 1960 entre los chochos de Oaxaca, haciendo una etnografía para el Hand Book of Midle American Indians con el maestro Weitlaner, pude captar la extrema pobreza de este pueblo indígena, su enorme resistencia a las condiciones geográficas y físicas de sus tierras que prácticamente los mantenían y mantienen en la pobreza extrema. Mas aprendí de ellos estrategias de sobrevivencia, para mantener su propia identidad, su propia cultura; vi como la migración entró a formar parte de su sistema: sus miembros desde la ciudad de México mantenían la vida comunitaria y su propio desarrollo. Todo esto se debe a su organización social y su propia estrategia de vida, que hoy se denomina capital social [2] , en el lenguaje de los economistas. En realidad, cada comunidad, cada pueblo tiene una experiencia histórica para sobrevivir y  articularse a la sociedad más amplia y esto tiene que aprovecharse precisamente como un capital. Piensan los desarrollistas, desde el exterior, que lo que se tiene que hacer con las comunidades es organizarlas. Error fatal de todo proyecto.

Hoy se puede testificar que los chocholtecas no han desaparecido. Tienen su territorio, tienen su lengua, tienen su patrimonio cultural y tienen un sistema económico mixto que les permite sobrevivir en condiciones limitadas, pero con su propio proyecto.

Si queremos un cambio sustantivo y estructural debemos fortalecer el capital humano de las comunidades, que sin duda hoy están en crecimiento. Muchos jóvenes son profesionistas y técnicos que pueden apoyar el diseño de proyectos de desarrollo para su propia comunidad, dentro de la diversidad. Esto es muy difícil de ser captado por las fuerzas externas que consideran que los que viven en condiciones limitadas, sin un exagerado consumo de bienes, son pobres cultural y socialmente, lo cual es totalmente distorsionado. Para solucionar esta problemática se generan proyectos de alto costo económico, y alta corrupción, como el Programa de Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA) o el difunto programa Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados (COPLAMAR). La perspectiva antropológica puede ayudar a fortalecer las capacidades de los propios pueblos, y que ellos sean los autores y actores de su propio desarrollo.

Ilustremos un poco más los parrafos anteriores. [3] La comunidad de Tonanzintla en el valle de Cholula mantiene sus estructuras comunitarias ligadas al pasado prehispánico, en un proceso de ajuste entre el modelo mesoamericano y las formas occidentales. En el Porfiriato con una orientación política racista de poblamiento se injertó socialmente a campesinos italianos, de la región del Benetto (donde se habla un dialecto del italiano); de esta manera se formó la comunidad de Chipilo. Se pensaba que éstos iban a aculturar a los indígenas de Tonanzintla y a todos los pueblos de la región. Si visitamos hoy en día las dos comunidades, que están a escaso cinco kilómetros una de otra, después de cien años de iniciado el experimento, vemos que los italianos mantiene toda la estructura cultural y lingüística de los campesinos del Benetto y los indígenas siguen manteniendo sus propias estructuras mesoamericanas y mexicanas, sin que haya ninguna relación con los resultados que se esperaban. Hoy tenemos una política pública impulsada por el estado, tenemos determinadas relaciones interétnicas y una diversidad étnica. Los Chipileños mantienen una relación endogámica y al mismo tiempo una doble lealtad, hacia México y hacia Italia, (hace un par de meses, un domingo, en una ceremonia un coro chipileño tenía la bandera italiana a un lado y la bandera mexicana al otro). Lo cierto es que el proyecto, utópico, no tuvo el éxito deseado, pero tuvo un impacto social que hay que medir. La pregunta sería: ¿Qué podemos aprender de estos ejemplos, cómo entender la dinámica de estas comunidades?

Veamos un tercer ejemplo, que está muy asociado a la antropología urbana. Fue cuando trabajé con Ricardo Pozas. Analizabamos el impacto de la industrialización de alta tecnología de Ciudad Sahagún, Hidalgo, sobre las comunidades rurales, fundamentalmente pulqueras. Los comuneros (en los años sesenta) tuvieron que pasar de tlachiqueros (recolectores de aguamiel) a armadores de carros de ferrocarril, armadores de autobuses, autos y maquinaria textil en un contexto de ciudad urbana ultramoderna. Los campesinos eran los habitantes de la ciudad. La falta de previsión social al construir la ciudad generó una serie de conflictos al interior de ésta y en el interland de las comunidades campesinas. Los resultados están en varios artículos y tesis.

Como podemos observar el impacto social de las políticas públicas no es un problema que afecte solo a las sociedades indígenas o campesinas sino que se relaciona con el proceso de modernización e industrialización de las ciudades y de las regiones, y más en los puntos donde se han instalado las industrias.

En los años cincuenta la revista Problemas Agrícolas e Industriales de México, publicó un importante número dedicado al impacto del industrialismo entre la población de Puebla. En ésta aparece un estudio de Wilbert E. Moore, y destacan los comentarios a dicho estudio de los antropólogos Pedro Armillas, Wigberto Jiménez Moreno, Alejandro D Marroquín, Arturo Monzón, Antonio Pérez Elías y Roberto J. Weitlaner. Todos los autores coinciden en que la óptica economicista es una visión sesgada y destacan la importancia de las poblaciones rurales e indígenas. Armillas señala que la utilización de nuevas fuentes de energía (animal o fuerzas naturales como la energía hidráulica o eólica) y la aplicación de principios mecánicos (rueda en el viejo mundo) contribuyeron a lo que con exageración antropocéntrica se llama el dominio del hombre sobre la naturaleza. Sin embargo, la revolución urbana se define mejor por determinados cambios económicos, sociales, políticos e intelectuales: producción agraria superior a las necesidades de subsistencia y que rebasa la lógica de las reservas de los campesinos; es decir, existe una correlación entre los excedentes y un determinado sistema social, que favorece la concentración de aquellos; por otro lado, tenemos una especialización de tiempo completo, mercados formales y profesionales, moneda y comercio exterior; estratificación social definida por su base económica, gobierno político (concentración del poder), guerra organizada como instrumento político, religión teísta, templos con sus jerarquías sacerdotal; escritura, matemáticas, astronomía y el calendario; centros urbanos sostenidos por la renta de la tierra, tributos o los rendimientos del comercio. Los pueblos a los que se refiere Moore, señala Armillas, habían alcanzado desde antes de la conquista española ese nivel cultural urbanístico. [4] En Problemas Agrícolas e Industriales Roberto Weitlaner critica la obra de Moore: “en ella refleja el afán, casi la obsesión, de alejar al campesino –indígena especialmente- de su mundo ‘irracional’ para inducirlo a entregarse en cuerpo y alma a este otro mundo moderno donde, ‘indudablemente’ encontraría su felicidad pero en ella nos dice Don Roberto no se habla acerca de los peligros de la desorganización y quiebra de la estructura social de los pueblos, los cuales, a pesar de haber adoptado algunos elementos extraños, gozan todavía de un modo de vida tranquilo y armonioso”. [5]

Cuando se emprenda el estudio de ciertas regiones se requerirá de una revisión crítica y analítica de los estudios que abordan el impacto de la industria sobre las comunidades campesinas e indígenas, que permita una reflexión a fondo. Así, en determinadas regiones de Toluca, debido a que la expansión industrial ha penetrado a las comunidades matlatzincas, otomíes, mazahuas, etcétera es urgente realizar estudios con una visión prospectiva y analítica de carácter antropológico. Sin embargo, persisten vacíos en los estudios, y en la formación antropológica de profesionales. Los profesionales tienen que contar con elementos suficientes, que focalisen sus esfuerzos para generar análisis, sugerencias y recomendaciones de carácter aplicativo.

 

4. Estudios Regionales del Instituto Nacional Indigenista (INI).

Los estudios realizados por el INI en microregiones, donde viven los indígenas en relaciones interétnicas, representan una aportación significativa al conocimiento aplicado. Tenemos el estudio de la Cuenca del Tepalcatepec realizado por Aguirre Beltrán o la investigación de la mixteca náhuatl tlapaneca de Guerrero del antropólogo otomí Maurilio Muñoz; [6] su obra es de vital referencia cuando pretendemos conocer la montaña de Guerrero.

Podemos hablar también del primer estudio monográfico que realicé en la región mixe de Oaxaca en 1962. De las recomendaciones planteadas en dicho estudio emergieron una infinidad de proyectos, orientaciones que se plasmaron en las políticas públicas, así como, la creación de cuatro centros coordinadores de INI, para atender a la población de la región.

Me parece muy importante la revisión que realiza Juan Luis Sariego en El indigenismo en Chihuahua (1998); de su introducción extraemos la crítica que realiza por la perdida de la orientación original de las políticas indigenistas diseñadas por la antropología aplicada; dice: “la acción indigenista dejó de ser experimental para convertirse en institucionalizada. Los tiempos de la cruzada habían quedado atrás y entre luces y sombras, aciertos y fracasos, la tarea indigenista empezó a perder el carácter de una búsqueda de alternativas para transformarse en una rutina cada vez mas burocratizada y menos innovadora”. [7] Lo cual  significa que el abandono de un seguimiento social y antropológico empobrece los planes y los lleva al fracaso, y son múltiples experiencias en las distintas regiones del país.

Hoy podemos afirmar que la falta de seguimiento por parte del INI sobre los resultados de la antropología aplicada generó la crisis y la defunción del indigenismo paternalista y poco autogestivo. Además una rebelión cuestiona hoy a la sociedad nacional y propone una nueva alternativa para los pueblos indios, un nuevo orden constitucional y político que otorgue mayor autonomía y autodeterminación sobre su propio destino y desarrollo.

La educación rural para los pueblos indígenas, un proyecto asimilacionista e incorporativista que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha mantenido a lo largo de su historia no ha logrado su transformación en multicultural y multilingüe. La carga racista y excluyente hacia las lenguas y los conocimientos de los pueblos indios es muy grande.

Finalmente quisiera referirme a un plan de desarrollo. En 1983 los gobernadores Yaquis diseñaran su propio proyecto de desarrollo y lo presentaran al presidente Miguel de la Madrid. Hoy es su plan rector, que ellos reconocen, y que de la Madrid y su secretario Carlos Salinas de Gortari votaron al basurero. El riesgo para la clase dirigente al aceptar este tipo de iniciativas es que los pueblos indígenas asuman su propio destino. El análisis y el conocimiento antropológico y sociológico debe acompañarlos en la formulación y desarrollo de sus proyectos; los actores centrales deben ser ellos mismos y no una burocracia que vive del presupuesto destinado a los indígenas y que no fluye a las comunidades. Por ello creo que los últimos cambios jurídicos en algunos estados y los que vendrán a partir de la propuesta de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA), junto con una nueva perspectiva antropológica permitirán cambiar estructuralmente las relaciones de desigualdad construidas desde la colonia y mantenidas hasta el presente, permitirán liberar a las comunidades y pueblos indígenas y la construcción de una sociedad mexicana multiétnica y multilingüistica.

El quehacer antropológico debe focalizarse, debe fortalecer el capital humano de los pueblos indígenas y de las sociedades marginadas del país, para que ellos mismos puedan construir sus propios modelos. Así, el CIESAS inició en los años setenta un programa de etnolingüista y que luego fue abandonado; se volvió a iniciar en Oaxaca en los noventa con los ocho centros de Investigación Étnica y con cuadros profesionales de las propias regiones indígenas.

 

5. Megaproyectos y Reasentamientos

No cabe duda de que la antropología ha intentado influir en los grandes megaproyectos. Cuando la Comisión del Papaloapan planeó y construyó las presas Cerro de Oro y del Papaloapan varios antropólogos participaron en forma directa, pero sus recomendaciones fueron eliminadas. El resultado fue el reacomodo de miles de chinantecos y mazatecos que dejaron una huella negativa para la historia de los pueblos indígenas de Oaxaca. Los reclamos de los pueblos se mantienen hasta nuestros días.

Sin embargo, las últimas experiencia, la construcción de las presas de Aguamilpa en la región huichola y la de Zimapan en la región otomí de Querétaro demuestran que el criterio antropológico amortigua y resuelve muchas contradicciones sociales que han provocado estas obras de beneficio nacional, que afectan fuertemente a la gente que vive en esos territorios. Pero esto se logró mediante la presión que se ejerció en diferentes niveles. La resistencia de los directivos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) fue contenida por la presión del Banco Mundial quien a su vez la tuvo de la Sociedad Antropológica Internacional. Estos proyectos en vez de afectar y dañar la vida de los pueblos y comunidades tienen que apoyar la construcción de alternativas de vida propia.

No obstante, estas experiencias no modificaron las prácticas autoritarias tradicionales. Hoy se mantiene el modelo tecnocrático, injusto, que dio nacimiento a la Presa de La Angostura en Chiapas. A Ángel Palerm le correspondió, junto con un grupo de antropólogos, formular ciertas recomendaciones que pretendían aminorar el impacto de tal megaproyecto, pero no fueron tomadas en cuenta. Hoy en día los conflictos de fondo generados se expresan en los planteamientos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y en los acuerdos de San Andrés Larrainzar.

Todas estas experiencias me llevan al siguiente planteamiento: la visión y proyección antropológica es la de un mundo que cambia y evoluciona no en forma lineal sino multilineal, en donde diversos tipos de vida quedan incluidos en un proyecto de sociedad humana y no excluidos como en el modelo hegemónico, autoritario y rapaz, como el que están tratando de imponernos desde las metrópolis neocoloniales y globalizantes.

La reconstrucción de la credibilidad de los pueblos y comunidades estará fincada en la preparación más puntual y especializada de los antropólogos. Nuestra ciencia tiene que generar sistemas de capacitación social y técnicas de asesoría para las comunidades, gobiernos locales y nacional; tiene que implementar metodologías y técnicas que permitan desde el diseño de los proyectos, su monitoreo y evaluación en forma sistemática y analítica.

En los años cincuenta los antropólogos mexicanos formularon proyectos de entrenamiento y capacitación para formar antropólogos aplicados. Pero hasta el momento se ha abandonado esta línea que tenía como objetivo preparar el capital humano requerido por las comunidades y la sociedad nacional. Tal vez habrá que trascender de una posición estrictamente crítica a una constructiva y comprometida.

Aun la metodología para la formulación de los proyectos debe de ser definida por la participación de los propios beneficiarios; tiene que surgir de la autogestión; se tendrá que sustituir la metodología de los proyectos formulados desde fuera, al margen de las comunidades.

Hay que invitar a quienes toman las decisiones para cambiar los modelos de la planificación microregional rural e indígena. Es necesario poner los factores al revés: la gente antes que los objetos, los más pobres antes que los menos pobres, aprender de las personas antes que enseñarles, descentralizar el poder antes que concentrarlo, valorizar y apoya la diversidad antes que la uniformidad.

Para lograr la credibilidad de la población habrá que forzar el cambio: una planeación regional autogestiva frente a los modelos centralistas y paternalistas. La interacción entre antropología, economía y sociología debe de ser una constante para lograr dicho cambio.

 

LINEAS PARA LA FORMACIÓN DE LOS ANTROPÓLOGOS APLICADOS PROFESIONALES 

  • Educación bilingüe intercultural
  • Salud y bienestar
  • Culturales y artísticas
  • Agricultura y ganadería
  • Recursos naturales y forestaría
  • Jurídicos y derecho consuetudinario
  • Obras de infraestructura: presas, carreteras y puertos
  • Urbanos e industriales

 

 

ESCUELAS Y CENTROS DE INVESTIGACIÓN DE ANTROPOLOGÍA EN MÉXICO

LOCALIZACIÓN UNIVERSIDAD, ESCUELA O CENTRO DE INVESTIGACIÓN
Ciudad de México Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)

Universidad Iberoamericana

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)*, Instituto de Investigaciones Antropológicas

Universidad Autónoma Metropolitana Ixtapalapa (UAM-I)

Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social* (CIESAS)

Jalapa, Veracruz Universidad Veracruzana (UV),

Facultad de Antropología.

Cholula, Puebla

Puebla, Puebla

Universidad de las Américas

Universidad Autónoma de Puebla

Mérida, Yucatán Universidad Autónoma de Yucatán (UAY),

Facultad de Antropología

Toluca, Estado de México Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Facultad de Antropología
San Cristóbal de las Casas, Chiapas Universidad Autónoma de Chiapas,

Escuela de Antropología

Chihuahua, Chihuahua Escuela de Antropología de Chihuahua.
Zamora, Michoacán Colegio de Michoacán*
Guadalajara, Jalisco CIESAS – Occidente.*

 * Otorgan maestría o doctorado.

  Existen en el país  más de 500 antropólogos sociales y etnólogos.

Están estudiando antropología cerca de dos mil personas.

 

TEORÍAS Y ANTROPÓLOGOS APLICADOS QUE HAN IMPACTADO PROYECTOS DE DESARROLLO EN MÉXICO

PERÍODO

TEORÍAS O CONCEPTUALIZACIONES ANTROPÓLOGOS MEXICANOS ANTROPÓLOGOS EXTRANJEROS

PROYECTOS EN LOS QUE PARTICIPARON ANTROPÓLOGOS

1920-1940 Incorporación y asimilación. Forjar la patria dentro del nacionalismo revolucionario. Manuel GamioOthón de MendizábalMoisés SáenzAlfonso Villa rojasAlfonso FabilaJuan ComasCarlos Basauri Robert RedfieldJohn CollierParsonsW. Thousand Casa del Estudiante Indígena.Proyecto Tarasco de Educación de los 11 Pueblos.Departamento Autónomo de Asuntos Indígenas.Instituto Nacional de Antropología e Historia.
1940-1950 Cambio Social y Cultural. Folk-urbano. G. Aguirre BeltránJulio de la FuenteArturo MonzónFernando CámaraRicardo PozasEvangelina Arana B. MalinowskiR. BealsR. WeitlanerM. Swadesh Pacificación de los Mayas de Quintana Roo.Proyecto Yaqui y Otomí.Creación del Instituto Nacional Indigenista.
1950-1970 Aculturación e integración. Evolución lineal. F. PlancarteAgustín RomanoM. MuñozC. InchausteriG. González E. VogtN. McQuownJ. MurraE. WolfR. AdamsA  IchonR. Bastide Centros Coordinadores Indigenistas.Comisión del Papaloapan.Proyecto Chicago.Proyecto Harvard.Bancos Ejidal y Agropecuario.
1970-1990 Marxista y de clases sociales. Colonialismo interno y dependencia. R. StavenhaghenP. González CasanovaM. OliveraR. BartraL. PareH. Díaz PolancoA  MedinaG. López y RivasI. Horcasitas de P. GodelierM. DiskinH. FavreM. Cernea INMECAFE.Programa PIDER.COPLAMAR .Banco Agropecuario.
Campesinista. M. NolascoA  WarmanC. HewitL. ArizpeJ. Lameiras D. BarkinS. RobinsonB ThomsenT. Downing SOLIDARIDADEmpresas en SOLIDARIDAD.Uniones de ejidos.Programa agrario PROCEDE
Etnicista y Culturalista. Evolución multilineal. A. PalermG. BonfilR. StavenhaghenL. DuranS. NahmadL. ReyesM. BartoloméA  Barabas G. CollierT. WeaverA  ColombresN. RodríguezS. VareseN. ModianoN. CancliniR. CardosoD. RiveiroJ. Nash Educación bilingüe y bicultural.Fortalecimiento de culturas populares.Formación de etnolingüistas indígenas.
1990-1997 Globalización económica, protección y conservación, así como, diálogo sobre la diversidad cultural. Nueva Generación de Antropólogos S. DavisA  Molnar Eliminación de la pobreza.Programa PROGRESAEducación intercultural.

 

EVENTOS INTERNACIONALES Y SU IMPACTO EN LA ANTROPOLOGÍA APLICADA EN MÉXICO

FECHA

EVENTOS RECOMENDACIONES IMPACTOS
1940

Pátzcuaro, Michoacán, México.

Congreso Interamericano Indigenista promovido por los países del Continente.

 

 

Respetar y cuidar de los pueblos indígenas para su desarrollo.

Creación de institutos nacionales especializados en asuntos indígenas

Se creó en la ciudad de México el Instituto Interamericano Indigenista (III), con el acuerdo de todos los países miembros.

Se creó el INI, en 1948.

1949

UNESCO,

París, Francia.

 

Creación del Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL) en Pátzcuaro, Michoacán (1951). Preparar a personal especializado en educación fundamental con orientación hacia los pueblos indígenas. Ha influido en los proyectos educativos para los pueblos indígenas del Continente y en especial de México.
1959-1968

OEA, Washington, Estados Unidos.

La Organización de Estados Americanos formuló el Programa de Ciencias Sociales Aplicadas en México. Proyectos 104 y 208. Preparar técnicos profesionales en antropología aplicada para toda América Latina y en particular para México. Los profesionistas trabajaron en el INI y en educación indígena; apoyaron la organización de las comunidades indígenas.
1957 y 1989

OIT

 

 

 

La Organización Internacional del Trabajo de Naciones Unidas promovió dos convenios, el 107 (1957) y el 169 (1989) sobre pueblos indígenas y tribales del mundo. Los conceptos de este convenio se refieren a la cultura, religión, organización social y económica e identidad propia de los pueblos indígenas. El gobierno de México ratificó el Convenio 169, y se convierte en ley. Los pueblos indígenas demandan el cumplimiento de este convenio.
1971, 1977 y 1993

Reuniones de Barbados.

Grupo de antropólogos y  de indígenas de  América Latina se reúnen para discutir la situación colonial y de dependencia de los pueblos indígenas. La Declaración de Barbados considera la necesidad de la liberación del Indígena, la lucha por los derechos humanos y fin al etnocidio. Estimuló en el Continente Americano y en México la formación de organizaciones indígenas de base, estatales y nacionales para su articulación con la sociedad nacional.
1969

Segundo Consejo Vaticano,

Roma, Italia.

El Vaticano promueve la Teología de la Liberación en los pueblos indígenas y organiza las misiones evangelizadoras indígenas. Busca que  todo el trabajo de los sacerdotes, misioneros, diáconos y catequistas promuevan la reivindicación de los derechos indígenas. La iglesia organiza a los indígenas en distintos estados de la República para reclamar sus derechos, como en el caso de Chiapas
1994

Naciones Unidas, Nueva York, Estados Unidos.

Proyecto de Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU reconoce la urgente necesidad de respetar los derechos humanos, tierras, territorios, recursos y culturas de los pueblos indígenas. Está impactando en los proyectos legislativos al nivel nacional y estatal.

Las organizaciones indígenas reclaman  que el gobierno acepte los derechos universales de los pueblos indígenas.

1992

BID,

Madrid, España.

Convenio Constitutivo del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe. Establecer un mecanismo destinado a apoyar los procesos de autodesarrollo de los pueblos, comunidades y organizaciones indígenas de América Latina. México se ha suscrito a este convenio y aporta recursos económicos y humanos para el desarrollo de los pueblos indígenas.
1991

Banco Mundial

Washington, Esados Unidos.

Directriz Operativa 4.2 sobre poblaciones indígenas. Todo préstamo a los gobiernos deben incluir la no afectación a los pueblos indígenas y establecer su desarrollo. En varios préstamos para el desarrollo rural se ha incluido a los pueblos indígenas como en el DRII, Community Foresty,  GEF, Educación Básica I, II, III. etc.

Bibliografía:

Aguirre Beltrán Gonzalo, Imagen y obra escogida, Colección México y UNAM, número 71, México, 1985.

American Anthropology Association, Anthropology newsletter, volume 36, Number 8, 1995.

_____Anthropology newsletter, volume 29, número 6, 1988.

Bartra Armando, Federalismo y democracia: el papel de los municipios en el desarrollo social, Instituto Maya A.C. México, 1996.

Bernand H. Russel, Research methods in anthropology, Altamira Press, 1995.

Bonfil Guillermo, Del indigenismo de la revolución a la antropología crítica. De eso que llama antropología mexicana, Nuestro Tiempo, México, 1970.

Bourdeau Pierre, et.al., El Oficio del sociólogo, Siglo XXI, México, 1996.

Bueno Castellanos Carmen (Coord.), Globalización: una cuestión antropológica, CIESAS-Porrúa, México, 2000.

Burguete Cal y Mayor Araceli (Coord.), México: experiencias de autonomía indígena, IWGIA, número 28, Guatemala, 1999.

Busquets Julio, Introducción a la sociología de las naciones, Edicusa, Madrid, España, 1971.

CIISDER-UAT, Regiones y desarrollo, Tlaxcala, México, volumen 1, número 1,

Cernea Michael, Anthropological and socialogical research for policy development on population resettlement, World Bank, Washington, 1993.

_____Primero la gente, variables sociológicas en el desarrollo rural, FCE-BM, México, 1995.

_____Re-tooling in aplied social investigation for development planning, series World Bank Reprint, número 471, Washington, 1992.

_____The urban environment and population recolation, World Bank Discussion Papers, No. 152, World Bank, Washington, 1993.

_____Using knowledge from social science in development projects, World Bank Discussion Papers, No. 114, World Bank, Washington, 1991.

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Notas:

[1] Véase ¿Ha fracasado el indigenismo?, SEP, México, 1971.

[2] Véase Pierre Bourdeau, et.al., El oficio del sociólogo, Siglo XXI, México, 1996.

[3] Estas reflexiones las debo a mis primeros estudios sociales como pasante de Trabajo Social realice en las comunidades de Tonanzintla y Chipilo de Puebla.

[4] Problemas Agrícolas e Industriales de México, número 2, volumen. VI, México, 1954.

[5] Idem.

[6] Con Maurilio Muñoz participé en el análisis de la región.

[7] Juan Luis Sariego (Comp.), El indigenismo en Chihuahua, EHAH Chihuahua-INI, Chihuahua, México, 1998.