LA APROPIACIÓN ANTROPOLÓGICA: 

La aplicación del conocimiento antropológico por las comunidades locales
La antropología grasienta pura
[1]

Martha Woodson Rees
Profesora Visitante
CIESAS-Istmo & Agnes Scott College
Decatur, Georgia 30030
mrees@agnesscott.edu

Antes fui peón. Ahora trabajo por mí mismo. Nunca seré rico, pero me gusta más.

—Juan, San Juan La Jarcia, Julio 1989


  • Introducción

Siempre he pensado que la antropología funciona mejor en manos de los actores sociales, por los participantes, y no por los planeadores, los estados, las organizaciones. Mis propias experiencias, algunas de las cuales relato aquí, apoyan esta idea. Por su naturaleza, esas experiencias, las conozco por observación, no por participación. Al preparar este trabajo, me puse a releer mis fichas de campo desde hace años. Descubrí, muy a mi pesar, que no soy un genio, que los actores en y gestores de los proyectos al nivel local ya me habían dicho todo, como ilustran las siguientes citas de una conversación con promotores culturales de Culturas Populares en Oaxaca en un taller en Junio de 1988:

La gente va abandonando su comunidad por que no tienen recursos para seguir viviendo en su comunidad (Hermenegildo, de Comaltepec)

Yo he observado que es fácil perder la cultura cuando los jóvenes salen muy joven a los 10-15 años. Pierden todo en 2 o 3 años, ya no pueden hablar (Federica, de Ocotepec Mixe).

Sobre todo si salen antes de servir en un cargo (Pedro, de Quiatoni).

Pensamos en el mercado desde un principio (del proyecto del rescate de la producción de la seda). Mucha gente piensa que lo que viene de fuera esta mal, pero yo pienso que nos hace falta mejorar la técnica. “El problema es el mercado siempre: donde vender las cosas…” (Estela, de Cajonos).

La necesidad de inversiones y comercio exterior esta confirmado. Los proyectos no funcionan por incosteables (Hermenegildo, de Comaltepec).

A partir de [la entrada de Maderas del Pueblo hace 20 años] se desintegró la comunidad—la danza, la banda. Se cortaron arboles para construir la carretera; fumigaron y mataron los huevecillos del gusano [de seda]. Se cortó la morera (Estela, de Cajonos).

Falta la tecnología apropiada. Nosotros empezamos a organizarnos y buscar alternativas. Concluimos que los asesores técnicos que nos llegaban tenían experiencia en zonas húmedas y no nos ayudaban (Eucario, de Quiatoni).

La leyenda es la historia de un pueblo. Entonces las mujeres participaban, entonces la mujer decidía, ahora no. La Madre tenia todo el poder (Estela, de Cajonos).

Empezaron los proyectos por la necesidad primero de “tener el estomago”, “la cultura es el alma dentro de la comunidad”(Hermenegildo, de Comaltepec).

Nahual: El espíritu permite al ser humano darse cuenta de la realidad (Erasmo, equipo de la obra de teatro Señora Yabnetzi discusión, 6/4-6/88, GADE).

Para estas personas, mis maestros, su concepto de comunidad es igual o inseparable de cultura (mito, religión) y de economía—todo es integral, no existan las dicotomías que imponemos la gente de fuera. Aquí se presenta una descripción de algunos proyectos de autogestión con diferentes grados de independencia financiera (reciben fondos de la Fundación Interamerican, de Culturas Populares, de organizaciones europeas, de varias organizaciones no gubernamentales) en Oaxaca, pero son iniciados y manejados al nivel local. Primero pasamos una revisión de los conceptos más queridos de la antropología aplicada, su evaluación y revisión.

  • Conceptos de la antropologÍa aplicada

            Los conceptos claves de la antropología aplicada incluyen, la necesidad sentida, la participación y democracia (Cohen y Uphoff 1980), un agente apropiado, la tecnología apropiada, y la factibilidad económica del proyecto (Niehoff 1966, Gordillo 1988). A esos conceptos clásicos de la antropología aplicada, hoy en día se añaden los conceptos de género, [2] y de raza o etnia y el de clase. Además de la factibilidad económica, también se ve la necesidad de incluir el concepto de sustentabilidad, sobre todo ambiental, para que los proyectos tengan éxito. Finalmente, el concepto de autogestión, aunque tenga sus raíces en los conceptos de necesidad sentida y participación, se refiere a proyectos iniciados no por las organizaciones oficiales, sino por las comunidades locales.

La antropología aplicada se desarrolló en el período después de la segunda guerra mundial como la parte efectiva de las políticas de desarrollo por los gobiernos y organizaciones internacionales, principalmente de los países desarrollados, hacia los en vías de él. Este periodo histórico vio una expansión económica casi sin precedente, y trajo consigo, proyectos de transferencia de excedentes (por ejemplo, de granos básicos) y expansión de mercado (por ejemplo de nuevas tecnologías) enmascarados como ayuda internacional y proyecto de desarrollo. Enfrentado con el fracaso masivo de muchas de estos programas, le hecharon la culpa a la falta de la práctica antropológica, aunque desde entonces casi no incluyen a los antropólogos en el diseño y aplicación de proyectos de desarrollo hasta que ellos ya vienen fallando. La crítica del concepto de desarrollo y los programas que pretendían fomentarlo llevó a un reconocimiento de la necesidad de tener participación local para que los proyectos tengan éxito; sin embargo, tampoco se ha hecho en la práctica—los proyectos de desarrollo de los organismos internacionales siguen siendo planeado e implementados de arriba hacia abajo, aunque con una mínima de presencia de los actores locales. De allí la crítica pasó a manos de antropólogos de este tercer mundo, tanto a hombres como a mujeres (por ej. Stavenhagen 1971).

Una breve reseña de los conceptos nos ayuda ver la historia de su evolución. La necesidad sentida se refiere a la conciencia, por parte de los que reciben los proyectos, de que si necesitan la presa, la clínica, el maíz híbrido, etc. Si no reconocen la necesidad, no van a trabajar (lo suficientemente duro) para su exitosa implementación, y hasta pueden sabotear el proyecto. Este concepto ha sido reemplazado por el de la autogestión, en el cual los proyectos deberían iniciarse del grupo quien lo va a implementar y usar. De igual manera, los conceptos de participación y democracia refieren a la necesidad de incluir a los recipientes en la toma de decisiones, y todos los participantes; de otra manera, una grupo marginado pudiera resistir el proyecto (Gordillo 1988, Hellman 1990). [3] El concepto de un agente de cambio apropiado todavía no lo entra en la mentalidad de muchos planeadores; se refiere a que la persona que introduce el cambio sea de una etnia, y clase social que permite el respeto mutuo, o bien, que el agente sea sensible a los factores de clase y etnia (el concepto de género se añadió posteriormente). El uso de tecnología apropiada, se refiere a la relación entre las posibilidades económicas, el medio ambiente, y el nivel de desarrollo del conocimiento local. El uso de la tecnología apropiada (local) puede liberar la comunidad de una dependencia de los insumos externos; y es menos costosa. Este concepto ha sido ampliado últimamente para que incluya el uso de materiales locales, de extracción sustentable. Finalmente la factibilidad económica es algo que siempre los participantes han tenido en cuenta, aunque los planeadores de proyectos no siempre. Se refiere a la necesidad de una balanza positiva en las cuentas de cualquier proyecto, y para eso se tiene que tomar en cuenta que muchas personas en comunidades rurales viven en condiciones económicas precarias—una media hora más de trabajo, o $5 mas de gasto, puede exceder sus capacidades. Esos conceptos, modificados por las demandas de base y la experiencia práctica, habrían que ampliarse para incluir la necesidad de tomar en cuenta específicamente las cuestiones de clase, género y etnia o raza en las relaciones entre proyectos, grupos y patrocinadores. Por ejemplo, si un proyecto requiere de mas trabajo para las mujeres, no la van a aceptar, no importa si todos los hombres del pueblo están a favor. Tanto los grupos locales como las agencias de gobierno ya se dan cuenta de lo limitado de los recursos naturales, y eso ha hecho imperativo las consideraciones de sustentabilidad ecológica, aunque hay muchas diferentes definiciones de sustentabilidad que van desde la manutención de los recursos como están (o como estaban) hasta un ingreso lo suficiente para sustentar a los trabajadores en el proyecto; muchas veces sustentable simplemente se refiere al hecho de que no hay apoyos externos, y la gente tiene que hacer con lo que tiene. Finalmente, lo más importante, es el concepto de autogestión, que toma en cuenta un conjunto de los factores arriba mencionados: necesidad sentida, participación (aunque no siempre democrática, ni sensible a las cuestiones de género, etnia y clase), la tecnología apropiada, el agente adecuado y la factibilidad. Los proyectos de autogestión, se inician al nivel de la base, aunque reciben recursos de fuera.

  • Contexto histórico de la autogestión

Los proyectos de autogestión surgieron en los 1980s (Carlsen 1990, Hirschman 1988). La autogestión no resultó de una demanda popular, sino viene de arriba o de afuera. La crisis llevó a la reducción de programas, y hizo necesario la autogestión. ?Lleva la autogestión al desarrollo (mejor nivel de vida) en las comunidades? ?A mas independencia o más dependencia? ?A mas trabajo o empleo?

Fox y Gordillo señalan que la crisis aumentó el espacio político para las empresas campesinas (1989: 135), del nicho que busca el sector social democrático como resultado de la crisis (1989: 134). Si la crisis fomentó el auto-desarrollo, dándole legitimidad a su operación fuera del foro del estado, la hizo sin recursos. Ya para 1979, había empezado la movilización autónoma de consumidores, e.g., el caso del CONASUPO (Fox y Gordillo 1989: 149), que se ha extendido a mas de 10,000 tiendas. Los almacenes se debían manejados por un consejo comunitario electo. Para 1985, los consejos en Oaxaca se formaron en una red, independientes de las organizaciones campesinas y los partidos políticos existentes. Asistieron mas de 300 delegados de 106 consejos representando a 4,162 comunidades en 18 estados. El movimiento retó al CONASUPO para que le entregara mejor calidad de maíz y en el momento oportuno, y tuvieron algo de éxito. Sin embargo, CONASUPO efectuó una estrategia de dividir y conquistar y abatió con el movimiento (Fox y Gordillo 1989: 150). Con esto vemos que la autogestión no necesariamente surge por una demanda de base, sino que es el resultado de complejas necesidades al nivel del estado y la respuesta que armaron las comunidades locales, sobre todo en el estado de Oaxaca.

  • OAXACA

El estado de Oaxaca con aproximadamente 94,000 kilómetros cuadrados en el sur de México, es el sexto estado en México (México, INEGI 1990). Las características geográficos más importantes son su verticalidad y su diversidad (Alvarez 1982:30). Como resultado de la diversidad ecológica y la dificultad de comunicaciones al interior del estado, existe una gran diversidad cultural en Oaxaca. [4]

La economía política del estado se domina por la región de los valles centrales, donde se ubica el capital del estado, Oaxaca de Juárez. Aun durante los periodos de auge económico, Oaxaca no fue un estado rico (Murphy y Stepick 1991): tiene el producto interno bruto por capita mas bajo en México (Osuña Castelán 1990). Como resultado, en casi todas las medidas de marginalización y salud, Oaxaca cae al final (Selby, Murphy y Lorenzen 1990, Osuña Castelán 1990, Stern 1973).

En las décadas después de la segunda guerra mundial, México experimentó una de las tasas de crecimiento económico más altas en todo el mundo; el estado subsidió la reorganización del mercado de trabajo de una fuerza rural a una urbana (Rendón y Salas 1987). El milagro mexicano se terminó en 1982 cuando, por primera vez en cuarenta años, México no pudo pagar su deuda externa. Con el colapso mundial del precio del petróleo a mediados de los 1980s, el país entró un periodo de crecimiento negativo—la crisis. Las clases trabajadoras y populares han sufrido las respuestas a la crisis: desde 1982, el salario mínimo real cayó en un 50% (Carlsen 1990:36), fomentado mas migración la las ciudades y a los Estados Unidos (Grindle 1988, Rees et al. 1991). Pero la migración no es garantía de una mejora en el nivel de vida. Los migrantes quienes llegaron a la ciudad de Oaxaca encontraron una economía en crisis (Hendricks y Murphy 1981, Selby et al. 1990). A pesar de las predicciones de una mejora en la economía de México, la situación para muchos de los pobres sigue a la baja, mientras que la concentración de la riqueza continua sin freno (Murphy 1991; Wilkie, Lorey y Ochoa 1988).

En las zonas rurales, los campesinos [5] cada vez se quedan atrás. En el pasado, los proyectos de desarrollo del gobierno mexicano les pasó semilla, fertilizante y asistencia técnica a algunos grupos de campesinos. [6] Pero con la crisis, la política ha sido de acortar los subsidios y concentrar los escasos recursos gubernamentales al sector agrícola comercial y de exportación (DeWalt 1985, DeWalt y Hudgens 1989, Palacios 1988). Por su parte, los campesinos (ni conservadores y resistentes al cambio como les solían caracterizar la antropología clásica) han emprendido varias estrategias para elevar o recuperar su nivel de vida para poder subsistir y reproducirse.

Un método para aportar mas recursos a la unidad domestica es aumentar la producción de pequeña mercancías (muchas veces, artesanías) (Cook y Binford 1990, Cook 1984a y 1984b). Otras unidades complementan su producción agrícola con las remesas de los migrantes (Cabrera 1982, Rees et al. 1991, Cederstrom 1990). Un resultado ha sido un aumento rápido en la población urbana y la preocupación por frenar la migración. Estas estrategias, en suma, resultan en la intensificación del trabajo, y muchas veces esto recae sobre el trabajo de la mujer (Cook y Binford 1990; Arizpe y Botey 1987; Murphy, Rees, French, Morris y Winter 1990).

 

PUEBLOS Y PROYECTOS

Las comunidades y los grupos aquí descritas han sido afectadas por la crisis y sus efectos. Como muchas otras, han iniciado proyectos de autogestión, en parte como respuesta a la crisis, en parte como parte de su propio lucha para el control de sus recursos naturales. Las comunidades son Huitzo en los valles centrales; Yavesía, los Pueblos Mancomunados en la sierra norte; La Jarcia y Quiatoni en la parte oriental de la sierra sur.

  • San Pablo Huitzo: Reforestacion y represa

Huitzo, como el resto del valle de Etla, tiene mejor situación económica, todos los habitantes hablan el español, con tierras fértiles de riego (y más precipitación). También cuenta con niveles de alfabetismo más altos que los otros valles centrales (Kowalewski y Saindon 1990). En suma, más rica, mas mestiza, mas educada, con mejores tierras, la comunidad de Huitzo es similar a otras en Etla.

Con unos 4900 habitantes, Huitzo se localiza en las tierras fértiles de la parte poniente de los valles, a 20 kilómetros (30 minutos) de la ciudad de Oaxaca. La economía de Huitzo se basa en una combinación de agricultura de autoconsumo, producción comercial y el trabajo asalariado urbana (en la ciudad de Oaxaca). La mayor parte de las tierras de riego, como en otras partes, se cultivan con cultivos comerciales. La mayoría de las casas tienen vacas lecheras, para las cuales cultivan alfalfa en pequeñas parcelas de riego. Las mujeres elaboran y venden queso fresco o lecha cruda a intermediarios de la ciudad de Oaxaca.

Mucho del trabajo comunal en las comunidades mexicanas se lleva a cabo a través de un impuesto de trabajo probablemente con orígenes desde la época prehispánica, llamado tequio. En muchas comunidades las autoridades no pueden obligar a la gente a participar en los proyectos comunales, sin embargo, la presión social ayuda a que la gente participa. A parte del tequio, en muchas comunidades los jóvenes tienen que pasar los domingos “marchando” como parte de su servicio militar. En Huitzo, el presidente municipal en 1988, observó a los jóvenes sentados en la plaza del pueblo. Solicitó al comandante militar para que autorizara el uso de los jóvenes para el servicio comunitario, pero luego que nunca le contestaron su petición, los puso a trabajar en proyectos de reforestación.

El primer proyecto en que los marchistas trabajaron era el proyecto de reforestación. En enero de 1988 el comité regional del medio ambiente, conformado por la mayoría de los presidentes municipales de la región, solicitó al Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO) una asesoría técnica para la reforestación. El presidente de Huitzo vio la necesidad de sembrar arboles a la orilla del río para frenar la erosión que causa la sedimentación del sistema de riego.

Los proyectos grandes de reforestación típicamente proponen la reforestación de pino de monocultivo para producir arboles para fines comerciales. En Huitzo, ya que la idea era detener la erosión, los asesores recomendaron la siembra de timbre, un especia nativa que madura en 4 a 7 años. Su corteza es usada en el curtido del cuero. Como resultado en el verano de1988, los marchistas sembraron 1500 arboles de timbre en filas irregulares a intervalos de 2 metros al lo largo de los arroyos. Un número de los árboles se murió, pero muchos pegaron.

La deforestación acelera la erosión, que provoca la sedimentación de las represas y contribuya a la pérdida del agua superficial. El riego para los cultivos de alfalfa y hortalizas ha pesado sobre el manto acuífero de la región, y muchos agricultores se han visto obligados a excavar pozos cada vez más profundos para mantener el abasto del agua (Lees 1975). Presas construidas a mediados de la década de los 1950s ya estaban sedimentados y ya no se pueden usar. Con el trabajo de tequio, en Huitzo, se empezó a reparar una de estas presas, subiendo el nivel de la presa y instalando nuevas puertas. Esperan que la reforestación en la ladera de la presa frenara el proceso de sedimentación.

A petición de la comunidad, el gobierno del estado ha construido presas de tierra en los arroyos temporales para ayudar en la recarga del manto acuífero. A lo mejor estas presas, según los expertos del ITO, no funcionarán ya que no tienen base de piedra y poca protección contra el desbordamiento. Los técnicos opinaban que los niveles de filtración pudrían resultar en la sedimentación temprana de estas presas. De todos modos, la cuestión del agua es una cuestión de interés regional.

Cuando el gobierno del estado propuso la construcción de pozos profundos en Huitzo para abastecer a la ciudad de Oaxaca de agua, Huitzo se unió con otras comunidades para formar una unión ambiental, El Comité Ambiental para resistir la construcción de estos pozos. Entre los principios del Comité está el concepto de la preservación de la diversidad ecológica, sobre todo en cuanto a la reforestación (con múltiples especies nativas y no con especies importadas comerciales).

En la reunión de julio 1988 del Comité Ambiental, representantes de varias comunidades mencionaron la importancia de la reforestación en la prevención de la erosión y pérdida de aguas superficiales. También expresaron su preocupación por el bosque en el pueblo de Zautla (ver Dennis 1987) que recientemente había perdido varias miles de hectáreas de bosque en un incendio. Como parte de su campaña política, el delegado federal donó, a través del Partido Revolucionario Institucional, 3,000 arboles para la reforestación, sin embargo, todos eran pinos para la explotación comercial.

Al presidente de Huitzo le pidieron como está funcionando el uso de los jóvenes marchistas para el servicio comunitario. Él les comentó que los jóvenes habían construido un almacén para la comunidad y que estaban trabajando en el proyecto de reforestación—todo eso sin ninguna respuesta a su petición a la comandancia militar. A las otras comunidades, les pareció interesante este uso del trabajo de los marchistas, y el proyecto de reforestación.

El caso de Huitzo ilustra un uso novedoso del trabajo; involucra una confrontación, aunque fue leve, con el estado; la combinación de conciencia ecológica y la conservación; la cooperación entre comunidades y un nivel de conciencia política. El caso de Huitzo ejemplifica la autogestión, el uso de tecnología apropiado y un agente de cambio aceptable a la comunidad.

  • Pueblos Mancomunados—Recursos Forestales

Tres municipios zapotecos de la sierra tienen en total casi 4500 habitantes. Ellos por motivos históricos poseen su bosque en común. Las comunidades se juntaron para tomar el control de sus recursos forestales de las empresas forestales y el gobierno federal. Los pueblos Mancomunados están ubicados en la zona templada de la sierra norte de Oaxaca entre 1700 y 3200 metros sobre el nivel del mar, y junto con otro de los pueblos Mancomunados (Yavesía), que ha negado participar en la explotación del bosque. El bosque original era de pino-encino, con una franja pequeña de oyamel donde alcanza mas de 3000msnm, ya después de décadas de explotación forestal y de proyectos de reforestación, es mayoritariamente pino.

            En 1976-1977, los Pueblos Mancomunados cancelaron su contrato con la empresa forestal. Consiguieron un préstamo y empezaron a manejar su propio aserradero. El administrador del aserradero explicó que la gente veía que la compañía les estaba explotando y decidieron juntarse y luchar. En n1981, formaron una cooperativa que recibió un préstamo de Banrural para comprar el aserradero. Una vez que habían capacitado miembros de la comunidad para seleccionar los arboles para cortar, pudrían resistir el control sobre los permisos para cortar madera que tenían los forestales federales quienes hasta ese punto habían determinado que árbol se iba a cortar. Desde entonces, los pueblos mancomunados negaron a pagar a los forestales federales para que vinieran a marcar los arboles, ya que sus propios socios lo pudrían hacer, y por menos dinero. Los forestales respondieron negándoles permisos para cortar madera a menos que aceptaran el marqueo de los forestales. Los Pueblos Mancomunados no aceptaron y en ese año, no cortaron madera. En fin, la agencia les dio su permiso y les permitió marcar sus propios arboles. Habían ganado una victoria mayor contra el gobierno federal.

La razón de ser de la cooperativa es crear fuentes de trabajo locales con la finalidad de frenar la migración y retener a los jóvenes en la comunidad. Como resultado, han capacitado socios en el manejo forestal, administración, mercado técnica y leyes. Ya, las ocho comunidades de los Pueblos Mancomunados cortan, procesan y venden los recursos de su bosque. Han entrenado gente de la comunidad en el manejo forestal, en la administración del aserradero y en leyes. Las ocho comunidades en los municipios manejan, marcan, cortan, procesan y venden sus recursos forestales (la excepción es Yavesía, que tomó la decisión de no participar en el manejo de su bosque). Se maneja la empresa los 800 comuneros, y las ganancias se reparten entre todos. Las decisiones se hacen democráticamente en asambleas. Se emplean unos 35 hombres en el aserradero y entre 150 y 200 en la corte de la madera y el transporte. Una planta de procesamiento secundario ha bajado el desperdicio de 44% a 25% de la madera y emplea las mujeres en la construcción de huacales.

Un elemento importante de este proyecto es la cooperación intercomunitaria hizo posible que tomaran el control de los recursos naturales locales del estado y la empresa de papel. Dicen, “Al principio, no perdimos dinero, pero tampoco hicimos dinero. Casi lo regalamos. Hoy, nos llueve de pedidos”, y tienen mas pedidos que puedan llenar.

Las asambleas se convocan cuando surgen problemas. Uno de ellos es la infestación con el gusano barrenador, para la cual han intentado varios métodos para su control, incluyendo el control biológico, pero sin tener éxito. Han pedido fondos de varias agencias internacionales para ayudarles a manejar esta plaga.

Problemas internos entre los tres municipios son aparentes, pero se duda se van a resultar en el fracaso del aserradero comunitario. Los Pueblos Mancomunados se operan según los principios de la antropología aplicada: de paso en paso, expandiendo solamente una vez que hayan consolidado el pasto anterior. Planean comprar la maquinaria para poder hacer la mano para las escobas, palillos, y palillos para paletas para utilizar la madera de desperdicio. También van a sembrar trucha en los arroyos y lagos. Han mandado muestras de las minas de oro y de plata abandonados, para su avalúo.

Esta serie de proyectos es importante en primero lugar por que la cooperación entre comunidades les permitió enfrentar al gobierno federal, un logro importante en México. Segundo, el proyecto ilustra conciencia comunitaria, conversación y experimentación para control la plaga. En fin, la administraciones democráticas y las mujeres se incluyen cada vez mas en la producción (ver Bray 1991b).

  • Santo Domingo Xagacía—Fibra de Ixtle

Xagacía es una comunidad zapoteca de unos dos mil habitantes que se localiza a unos 2700 metros sobre nivel del mar, unas tres horas de la ciudad de Oaxaca en la sierra norte. La vegetación dominante es pino y encino en la parte alta y tropical (con platanar) en las partes bajas. La comunidad cultiva el maguey para la producción de fibra de ixtle, además del maíz y frijoles, arboles frutales y otros cultivos. Se organiza el trabajo agrícola utilizando la gozona y sistema de trabajo recíproco. Xagacía, como muchas otras comunidades, no es autosuficiente en maíz, y como resultado, la mayoría de los hombres migran durante parte de cada año. Las mujeres quienes se quedan tejan cuerda y fajas para las sillas de montar y las yuntas de bueyes, hamacas, para el mercado regional y turista, así como bolsas de ixtle; los hombres les ayudan a las mujeres si es necesario para completar un pedido.

La producción de la fibra de ixtle a mano es un trabajo intensivo de trabajo (20 días) y en general se elabora por los hombres. Las pencas de maguey se cosechan cuando la planta tenga entre 3 y 7 años de edad. Una vez cortada, la penca se cocina a fuego abierto. Luego se remoja en agua durante una semana, y luego se raspa a mano y se vuelva a remojar otros siete días. Después de la ultima raspada, se seca la fibra al sol. Un hombre no puede producir suficiente fibra para abastecer su familia; por lo tanto los (las) artesanas de Xagacía deben comprar fibra del mercado. Los productores comerciales y vendedores locales tienen un monopolio y controlan el abasto de la fibra y la comercialización de los productos elaborados. Como resultado, aun con suficiente fibra, las trabajadoras ganan menos de 8 pesos por día (1988).

Son aproximadamente 35 familias, principalmente mujeres, quienes formaron la cooperativa La Unión de Artesanos Jarcieros para comprar la fibra y vender sus productos para poder aumentar su producción y sus ingresos. Recibieron ayuda de FONART en 1984, pero se quedaron sin suficiente matera prima (y, por lo tanto, sin trabajo), durante varios meses. Su solicitud al INI no dio resultado. Estas experiencias tuvieron el efecto de que ha no querían trabajar con el gobierno. [7] Los intermediarios les cortaron su abasto de fibra por medio del mercado. Debido a estos problemas con las agencias del gobierno y los intermediarios regionales, la cooperativa no pudo conseguir fibra en 1985.

La crisis económica agravó esta situación. La cooperativa compró una carga (8-10 T) de fibra por cerca $3000 US en 1984. Para cuando vendieron sus productos, hechos de esta fibra, el precio de la fibra había aumentado a mas de $4000 US, mas de lo que ganaron en ventas. Al mismo tiempo, debido a la crisis económico en México, la cooperativa ya no pudo conseguir préstamos del gobierno. Conque no querían dejar morir a la cooperativa, negociaron un préstamo a tres meses, con intereses de 4.5% mensual, de una organización no gubernamental (ANADEGES). [8] Pudieron pagar su préstamo y producir una ganancia. Sin embargo, sus ganancias no han aumentado al paso con el costo / precio de la fibra. Después de su segundo préstamo de ANADEGES, les faltaba aproximadamente $1000 (US) para la siguiente compra. No queda claro si van a poder negociar un tercer préstamo.

Los socios de la cooperativa venden sus productos en forma individual, en mercados regionales o en la ciudad de Oaxaca. El grupo tiene una casa en la ciudad de Oaxaca donde viven mientras que vendan sus cosas. Además, han formado lazos con otros grupos que trabajan el ixtle en comunidades vecinas.

En este proyecto, hay una dificultad que enfrentan muchos productores pequeños en México y en otros lugares en el tercer mundo—como los agricultores en los Estados Unidos, dependen de préstamos. Sin embargo, a diferencia de los agricultores y empresarios en los Estados Unidos, no tienen un gobierno estable, ni un sistema financiero que facilita préstamos comerciales a los negocios pequeños. La inflación es un problema constante, por aunque un préstamo de $10,000 se paga con las ventas, la siguiente compra cuesta $15,000.

La gente en Xagacía reconoce que el éxito de su cooperativa depende tanto de las condiciones económicas externas como la organización interna. Comentan que las cosas en México no son estables, y que les preocupa la inflación. Su meta es acumular suficiente capital para poder trabajar sin recurrir a préstamos. Yavesía es una cooperativa democrática, cuyas socios son principalmente mujeres, con lazos a otras comunidades. Adema, la cooperativa se compone de personas de religión católica y protestante; puede ser que representa uno de los pocos casos de cooperación inter-religiosa.

  • San Juan la Jarcia—Producción y Distribución de alimentos

Una comunidad de habla español de unos 1300 habitantes que se localiza aproximadamente 130 kilómetros al este de la ciudad de Oaxaca, en el camino al Istmo de Tehuantepec. Es una zona de bosque seco espinoso, y órgano. La productividad agrícola es baja (400k/hec) debido al pendiente, pero también a los años de producción de maguey mescalero que provoca el deterioro del suelo ya que dejan de rotar los cultivos y de dejar descansar del suelo. La Jarcia organizó una red de cooperativas de consumo (Tiendas CONASUPO) que generan ingresos para sus socio a la vez que abasta de granos básicos a precio económico a la comunidad.

Las tiendas particulares aumentan los precios cuando se escasea el grano en los meses que anteceden la cosecha en los meses de octubre y noviembre. En los 1980s, un grupo de familias obtuvo un pequeño préstamo del arzobispo de Tehuantepec y compraron una tonelada de maíz para su reventa local. Después de pagar el préstamo, expandieron su operación, y organizaron una tienda cooperativa para poderse afiliar con el CONASUPO (Coordinadora Nacional de Subasto Popular), que les permita cobrar 5% mas de sus costos, y, además, pueden vender otros productos (papas fritas, refrescos, pilas, y otras cosas). La cooperativa vende al público, sean o no sean socio de la cooperativa, y sus precios pueden ser hasta la mitad de los precios de las tiendas particulares del pueblo.

Ya que la cooperativa responde a una necesidad, diecisiete otras comunidades se unieron a la red de tiendas CONASUPO (algunos dejaron de participar). Juntos, estas tiendas forman una Unión de Cooperativas. La importancia de la tienda en la comunidad se expresó por Rosa, una monja que vive en la comunidad:

La cosa más importante es dejar que la gente exprese su necesidad más apremiante. Luego invitarles a desarrollar una solución, utilizando los recursos humanos y materiales del grupo. En San Juan [La Jarcia], la necesidad más apremiante era el maíz…. Decidieron comprar y transportar el maíz de por mayoreo y venderlo en la comunidad. La gente juntó sus recursos para la primera compra. Los hombres compraron y transportaron el maíz. Las mujeres lo vendieron. Todo funcionó y la tienda llegó a ser muy concurrida. Cuando las otras tiendas de la región quisieron cerrar la tienda cooperativa, la gente se unió, diciendo, “Esta es nuestro trabajo, y nadie se nos lo va a quitar” (Lehmann 1988).

La historia de la cooperativa en La Jarcia no ha pasado sin conflicto, principalmente instigado desde fuera, cuando los tenderos locales han intentado cerrar la tienda. El gobierno, obrando a nombre de los caciques locales ha reprimido el grupo, encarcelando los socios cuando rebasaron las normas de protesta y reto establecido por el estado. A pesar de esto, ha persistido el grupo, hasta vender mas que un millón de pesos mensuales.

Dado el éxito que tuvieron con la cooperativa, un grupo de familias decidió criar pollos. Obtuvieron un préstamos de ANADEGES para comprar mil pollitos. Para minimizar los efectos de las enfermedades contagiosas, dividieron los pollos en lotes de a cien y los distribuyeron a las mujeres socios de la cooperativa. Cada casa se encarga de sus pollos, pero la ganancia lo comparten entre el grupo. Los socios vacunan a los pollitos, y revisan las gallineras para asegurar que son sanos. Todos los socios participan en matar y preparar los pollos para el mercado (los lavan, dos veces, con detergente, debería ser el pollo mas limpio en todo México, sino en todo el mundo. Los socios se turnan la responsabilidad de llevar el pollo a vender en una comunidad cercana.

La cooperativa empezó en 1983 con 25 socios y 5 marranos. Para 1984, consiguieron un préstamo para comprar el alimento y materiales para la construcción de un chiquero para poder aumentar su producción. Para 1986, el grupo tenía 40 cerdos. Se matan y venden la carne en un pueblo vecino (con un proceso similar al para los pollos).

La cooperativa ha reinvertido sus ganancias en la producción—han construido dos represas, un tanque de agua y un pozo para aumentar el abasto de agua para los cerdos, sobre todo durante la temporada seca. En 1991, el grupo estaba compostando los deshechos y sembraban verduras orgánicas con el agua de las represas.

El éxito de los pollos y los cerdos llevó un grupo de familias a empezar una cooperativa de conejos, organizado en forma similar a la de los pollos. Se debe notar que los conejos son un proyecto predilecto de los trabajadores del desarrollo comunitario, ya que crecen rápidamente. Sin embargo, muchas veces fracasan estos proyectos, ya que a mucha gente no les gusta el sabor. Para 1991, habían mas de 40 conejos y los socios comen lo que no se vende, y reportan que no les molesta el sabor.

Las cooperativas de pollos, cerdos y de conejos crean una demanda para el alimento animal, que llevó a las diferentes cooperativas a construir un molino de alimento. La cooperativa del molino obtuvo un préstamo (ya pagado), para comprar la maquinaria y los materiales de construcción. Muelen el alimento, principalmente maíz, ya que una de las dificultades hay sido el abasto de harina de pescado o de soya.

El caso de La Jarcia manifiesta el uso de la necesidad sentida y de los procesos de paso en paso en la implementación de innovaciones de desarrollo comunitario, fundamentos de la antropología aplicada. Las metas del grupo son concretas y realistas. Las cooperativas se manejan en forma democrática, y las mujeres, quienes realizan por lo menos la mitad del trabajo, participan plenamente. El tema de género no ha sido de importancia insignificante, sin embargo. Juan, uno de los socios, dijo que “nos damos cuenta que el trabajo de la mujer es esencial para que tengamos éxito, y que tenemos que darle su lugar a las mujeres. Esto nos ha sido difícil para los hombres, pero lo estamos trabajando.”

Los grupos en La Jarcia son comunidades eclesiales de base. La metodología que según los grupos es similar a la que se proponen para cualquiera cooperativa (Bunch 1982): identificar un problema, buscar posibles soluciones, discutir varias alternativas, y actuar (MacNabb y Rees 1993). Todos los socios, sin tomar en cuenta su edad y genero, deben expresar su opinión en las reuniones semanales donde los socios analicen los problemas, y hacen la autocrítica. El problema más común es el que trabajan. Un ejemplo viene de una reunión en julio de 1989 que tomo lugar en la casa de uno de los socios (rotan de casa en casa cada semana). Después de rezar y discutir, el líder (que es el dueño de la casa en que se lleva acabo la reunión) les preguntó, cual es el problema principal que enfrentan en ese momento. Mencionaron cuestiones de salud, de falta de trabajo y otras cosas, pero el problema más frecuente era, no la calidad del agua, pero el abasto de agua en la casa. El líder les encargó a cada uno que pensara en soluciones a este problema para la siguiente reunión. Las decisiones se toman por consenso del grupo. Cada socio recibe entrenamiento en los principios de cooperativas (MacNabb y Rees 1993). La meta del grupo es el auto abasto y independencia de las incertidumbres del mercado, sobre todo de los cultivos comerciales. Los socios no toman alcohol, y han negado préstamos oficiales para cultivar el maguey, porque el mescal es un vicio.

  • San Pedro Quiatoni—Producción y Distribución

            Una comunidad zapoteca con mas de 7000 habitantes en varias comunidades en un municipio, Quiatoni varía de bosque de pino-encino hasta el bosque espinoso de los valles secos. Estaba (en el momento de este trabajo) a unas seis horas de la Ciudad de Oaxaca. La cabecera estaba a mas de dos horas de camino de herradura de donde termina el camino (ya para 1990, habían abierto un camino de terracería hasta San Pedro). Todos hablan el zapoteco, y muchos no hablan el español, sobre todo las mujeres. Los niños aprendan algo de español en la escuela.

Su base económica es el cultivo de maíz y frijoles, con frutales y hortalizas. En las últimas décadas del siglo veinte, el maguey mescalero llegó a tener mas importancia que el ganado como el primero producto comercial. El cultivo de maguey, sin embargo, acelera la erosión del suelo y aumentó la dependencia en el mercado para el abasto de maíz (al igual que en La Jarcia). En el cultivo sin fertilizante, la producción de maíz puede ser tan poquito como 300 kg/hectárea. Los hogares cultivan entre un cuarto de hectárea hasta un máximo de dos hectáreas, lo cual les da no mas que 600 kg por año, que les deja con un déficit de unos 400kg por año.

            Una cooperativa se formó en 1984 ha hechado a andar múltiples proyectos para la producción de alimentos (peces, abejas, cerdos, riego) además de seis tiendas CONASUPO. Sus cooperativas de consumo formaban parte de la Unión de Cooperativas mencionado arriba (La Jarcia, p. 16 ).

En 1984, un hombre que había oído hablar de las granjas de pescado le pidió al promotor cultural de Culturas Populares, Eucario Angeles Martínez, que las investigara. Angeles Martínez les informó a la comunidad todo lo que encontró sobre las granjas de pescado. Decidieron intentarlo y construyeron 18 tanques de peces (entre 25 y 750m2) con el trabajo voluntario de la comunidad (Angeles 1989). La construcción de los tanques ocuparon de 120 a 700 días/hombre. Les sembraron con tilapia y carpa. Los niños les alimentan con masa, hierba picada o caña. A pesar de que algunas de los tanques tienen problemas de filtración, otros producen. Una vez al año se vacían para regar la milpa, y aprovechan la oportunidad para limpiar y repararlos. Buscan fondos para forrarlos con cemento para minimizar la filtración.

En 1985, un proyecto del INI para producir miel de abeja fracasó debido a la falta de asesoría técnica, materiales e insumos de baja calidad y enfermedad: reportan que los técnicos nunca llegaron, y nada mas votaron las cajas y las abejas donde termina el camino (de acuerdo a la lema famosa “ni un kilómetro fuera de la carretera, ni un metro fuera de la camioneta” y no muy distinto a muchos otros proyectos, ver Sierra Mondragón y Rees 1992). Junto con Angeles Martínez, los hombres modificaron las técnicas tradiciones conocidas en la región (ver Nahmad, González y Rees 1989) para salvar las colmenas. De unas 12 colmenas originales, creció hasta mas de 30 en una sola comunidad, y a 130 en total. Producían 1.5 toneladas de miel en 1988 (Angeles 1989). En 1989, la enfermedad mermó las colmenas hasta que quedaron nada mas 80 en 1989. El grupo investigó la enfermedad de las abejas y trata las colmenas con terramicina, agua salada y otros remedios. Hasta la fecha no han tenido problemas con la abeja africanizada.

Una de las metas del grupo ha sido el autoabasto de alimentos. Para eso, siembran mas maíz, pero se dan cuenta que es “un sueño muy lejano hablar de autoabastecimiento” (Angeles 1989). Todavía tienen que comprar el maíz, y principalmente de particulares. “Las tiendas particulares roban a los pobres como nosotros” (Moisés Martínez García, Julio 7, 1988). Para obtener maíz mas barato, un grupo de Quiatoni formaron tres cooperativas de consumo como Tiendas CONASUPO. Cada socio donaron el capital para empezar y dos días de trabajo por semana. Al igual que en La Jarcia, las cooperativas venden sus productos más baratos que en las tiendas particulares, un beneficio a los socios igual que a la comunidad en general. Por ejemplo en el verano de 1988, el precio de maíz en las tiendas CONASUPO era de $1200/kilo, $1400 en la cooperativa (les permiten un 5% sobre costos) y $2500 en las tiendas particulares.

Las cooperativas han tenido problemas con el CONASUPO—las entregas tardadas, mal pesado, y de maíz sucia o hechado a perder. Uno de los logros de este grupo de tiendas ha sido forzarle a CONASUPO a aumentar la calidad y cantidad del grano que entregan. Un grupo de hombres de Quiatoni se fue al Istmo y hicieron un trato para comprar maíz directamente de particulares. Con estos precios en mano, informaron a CONASUPO que, si no entregaban el maíz a un precio comparable en calidad y cantidad, iban a empezar a comprar de los particulares. Esta presión le forzó a CONASUPO a entregar en la forma y tiempos debidos.

La cooperativa compra otros productos, incluyendo galletas, pilas y otras cosas de la central de abastos en Oaxaca. Uno de los beneficios de estas tiendas es que los socios adquieren experiencia en tratar a los tenderos en la central de abastos en la ciudad de Oaxaca. Para 1988, todos los hombres en la cooperativa estaban experimentados en la compra, el regateo y el transporte de los productos para las tiendas.

El grupo de Quiatoni se ha emprendido a divulgar sus experiencias organizativas. Buscando Bienestar, un video producido por los miembros del grupo solidario, relata sus experiencias con sus programas. Ha ganado premios en México y el extranjero.

Quiatoni es un ejemplo del trabajo de un grupo que luchan para sostener su comunidad con pocos recursos locales (tierras de temporal con pendiente). Han sido muy creativos en su lucha para resolver sus problemas, sobresaliendo sobre muchos obstáculos en el proceso. Ya las mujeres y los hombres saben comprar los productos para la tienda en la central de abastos en la Ciudad de Oaxaca, saben seleccionar, regatear, presupuestar y transportar los productos. Las mujeres hablan menos español que los hombres, pero administran las tiendas y participan en las reuniones de grupo y en las decisiones. Ya que no todas saben hacer cuentas, son las mujeres mas jóvenes, con mas escolaridad, que las llevan. Al igual que en La Jarcia, no han resuelto los conflictos de genero, pero los trabajan de manera explícita. Quiatoni es un ejemplo de la aplicación de los conceptos del desarrollo de autogestión en respuesta a la necesidad sentida, utiliza el proceso de paso por paso, y la tecnología apropiada, participan las mujeres, y las diferentes religiones en la discusión democrática de las necesidades, metas y acciones. Además, los grupos en Quiatoni han enfrentado tanto los intereses particulares y el del estado.

DISCUSION

            Todos los proyectos aquí presentados son proyectos de autogestión, comparten la independencia, se concebían por la comunidad local y en cada caso han resistido la imposición del estado. Otras características que comparten incluyen la necesidad sentida, un agente de cambio aceptable, y la tecnología apropiada. Todos los proyectos tienen un alto grado de concientización política, visto en sus descripciones de su lucha con los burócratas y políticos. La comunidad organizada, y la inclusión consciente de las mujeres, han llegado a ser el vehículo de la concientización (Sacks 1989:543). Los miembros de las comunidades, y no solo sus lideres, saben expresar sus problemas y sus luchas con el estado, los partidos políticos y intereses particulares, además de las luchas internas en los grupos.

Todas las comunidades en el estado de Oaxaca han tenido contacto extensivo con el estado y con los intereses particulares durante miles de años, y mucho de este contacto ha tenido un contenido negativo. Este contacto ha tenido un carácter cíclico de intensificación y disminución en la fuerza del mercado externo y el estado. Por ejemplo, la demanda europea para tinte rojo de cochinilla produjo una gran industria en este insecto minúscula en el siglo 16 (Young 1978, Hamnett 1986), demanda que se cayó una vez que entraron las tintes anilinas. Las comunidades aquí descritas comparten esta historia, pero, además, han tenido experiencias positivas en sus relaciones con las fuerzas y los intereses externos, por ejemplo, cuando han podido ganar una disputa. Puede ser que esta experiencia política positiva influye en el éxito de los proyectos, y las ganas que hecha la gente. Lang describe estos criterios para el desarrollo local: la confianza y capacidad en sus propios esfuerzos (1973:13). Estas dos características—confianza y capacidad—se pueden construir en las experiencias positivas, tales como las encontradas en los proyectos aquí descritas. Aunque a lo mejor el crecimiento no puede seguir siempre, a lo mejor la sustentabilidad si lo es.

Características que no muestran todos los grupos, pero presentes en la mayoría de ellos incluyen: la toma de decisiones democrática, la participación de la mujer, la cooperación entre religiones, la cooperación entre comunidades, y la preocupación con el medio ambiente. En la mayoría de los casos, las decisiones se toman en el contexto de la reunión o asamblea del grupo; aquí todos participan y el resultado es consenso, aunque no es decir que el proceso siempre toma lugar sin desacuerdos.

Este trabajo muestra como algunas comunidades, que hasta ahora, han sido marginadas de desarrollo, han inventado respuestas y métodos para sostener sus economías locales. Sus historias validan algunos de los conceptos más queridos de la antropología aplicada: la necesidad sentida, la democracia, genero, la tecnología apropiada, el agente de cambio, y sobre todo, una perspectiva integral (que incluye los elementos culturales juntos con los económicos) (Hackenberg 1962, Acklesberg 1988).

Estas conclusiones sobre las características de los proyectos más exitosos confirman lo que ya se ha dicho para otras partes del mundo, por ejemplo en las cooperativas en Sukumuland, Tanzania (Lang, Roth y Lang 1969). Estas características incluyen la viabilidad económica del proyecto (percibida por los participantes), el cupo cultural y el papel de los organizadores. Como los organizadores en Sukumuland, los en Oaxaca son buenas para comunicarse con la gente (incluyen el dominio del idioma local, en muchos de estos casos, varios de los idiomas zapotecos), el efecto de demostración y la retroalimentación para ajustar y cambiar los proyectos sobre la marcha. Al igual que en Sukumuland, los proyectos en Oaxaca tenían pocas alternativas para juntar dinero para abastecerse de sus necesidades básicas. Esta falta puede intensificar el compromiso con el proyecto (Lang et al. 1969:61-62). En otro lugar, Lang y Lang (1977:312) notan que el desarrollo se acompaña de un aumento en la desigualdad social y en el acceso a los recursos (Barkin 1975). Lang y Lang (1977) proponen que se pueden contrarrestar esta tendencia con un alto grado de participación comunitaria en la toma de decisiones. Esta característica (la participación) es una de las características más notables de los proyectos que presentados: se encuentran altos grados de participación—incluyen a las mujeres—en La Jarcia, Quiatoni, Pueblos Mancomunados, y Xagacía.

Elementos nuevos que se encuentran en algunos proyectos incluyen la cooperación entre religiones y la cooperación entre comunidades, y la importancia de asuntos ecológicos. Estos elementos nuevos pueden influir en la sustentabilidad y el éxito de los proyectos. Los proyectos que tienen mas éxito (e.g., son económicamente factibles y sustentables) también cuentan con estas características claves: Pueblos Mancomunados, [9] la cooperativa de cerdos y gallinas en La Jarcia y las cooperativas de consumo en Quiatoni y en La Jarcia.

En cada caso, la comunidad buscó el conocimiento necesario para lograr sus metas. Las cooperativas de pollo cambiaron su sistema de manejo para criar los animales para reducir el riesgo de perdida. Otras comunidades mandaron a sus promotores locales a estudiar (e.g., los tanques de peces, las estufas, las represa, la reforestación, etc.). La conclusión sencilla que resulta de cuatro años y más de observar estas comunidades es que lo que necesitan no son programas (externos) de “desarrollo”, pero un sistema fiscal estable y acceso a los micro-créditos y acceso a información.

Muchas de estas conclusiones no son nuevas. Los antropólogos aplicados han comentado sobre muchos de estos factores desde los tiempos los antepasados—Spicer (1952) y Neihoff (1967); y retomados por Hackenberg (1962) y Lang (1969). Pero en pocos casos se han tomado en cuenta.

?Cómo son diferentes los proyectos de autogestión que los proyectos de desarrollo anteriores? ?Cómo son distintos los proyectos de las organizaciones no-gubernamentales (ONGs)? Vimos en los 1980s la creación y el aumento en número de los ONGs en Oaxaca—209 con mas de 3000 socios para el año 2000 (DOCEO 2000). La ONG es, como dice su nombre, una organización no gubernamental, sin embargo, muchos reciben mucho apoyo del gobierno. Por ejemplo, en la bibliografía de Annis y Hakim, eds. (1988), la organización que tiene mas publicaciones sobre la autogestión es la Fundación Interamericana (IAF), una organización creada y fundada por el Congreso de los Estados Unidos. El apoyo oficial para los proyectos de desarrollo sustentable y de autogestión se encuentra mas que nada donde hay productos comerciales, y sobre todo de exportación (e.g., madera, mescal, etc.). Una explicación de esto cae en el hecho que, sobre todo en México a partir de la crisis a finales de los 1970s, no existe la voluntad política parar invertir en el desarrollo en el ámbito de subsistencia. Además, el apoyo oficial se dirige a las áreas nuevas que están abriendo al capital (S. Bunker 1991). En México, la inversión estatal y federal se ha expandido para incluir las áreas en el sudeste donde es viable la producción de ganado y cultivos tropicales de exportación (Rubio 1987). En Oaxaca, la inversión pública se ha concentrado en las zonas con petróleo (el Istmo) (Rodríguez 1989, Coordinación General De Los Servicios Nacionales De Estadística 1982, Palacios 1988). En cuanto al Instituto Nacional Indigenista, una evaluación interna llegó a la conclusión que la inversión no se orienta ni a los indígenas, ni a los más pobres, sino a las comunidades que tienen luchas políticas y las que están próximos a la carretera (Sierra Mondragón y Rees 1992), lo cual sustenta el conocido lema de los técnicos (según las comunidades): “Ni un kilómetro fuera de la carretera, ni un metro fuera de la camioneta.”

Sea como sea, la inversión pública ha bajado en forma dramática, y puede ser esta la causa del aumento en el número de ONGs. La reforma de la ley agraria en 1992 se puede ver como una forma de triage (abandonar o cortar lo menos viable) a las áreas marginales y de agricultura de subsistencia, ya que permite la privatización y venta de parcelas de terreno, supuestamente para permitir la capitalización de los más viables, aunque es un sueño dorado pensar que las inversionistas extranjeras quieren comprar la tierra, sobre todo tan pobre y seca (DeWalt y Rees 1994, también ver Pisa 1994).

Las ONGs, aunque no tenemos datos exactos, se pueden ver como una forma flexible de empleo de parte del estado, ya que no tienen que crear plazas, ni pagar prestaciones, y muchas veces, según cuenta, ni pagar. Muchos trabajadores en las ONGs son los ex-empleados del estado, ya que fueron dados de baja con la crisis. Siguen trabajando para el estado, mas que, ahora, en forma flexible, por no decir, informal.

Castells (1983) notaría, sin embargo, que a pesar de que, a pesar del apoyo oficial y los motivos de aquello, las organizaciones y la participación, muchas veces entre diferentes clases sociales, empodera a la gente. Lo mismo parece ser cierto para la participación femenina de los movimientos políticos (Sacks 1988, Bookman y Morgen 1988, Acklesberg 1988), aunque no encuentro que es un antecedente necesario a la organización femenina un espacio distinto a la mujer, como lo hace Stephen (1991). En México, los grupos campesinos han entrado cada vez mas en conflicto con el estado (Rubio 1987), y los movimientos campesinos independientes han surgido con la descomposición de las maquinas regionales políticas (Gordillo 1988). Este trabajo no tiene la respuesta final a la cuestión del papel del desarrollo de autogestión; parece que a veces estos proyectos se ven cooptados por el gobierno, y a veces operan independientemente y con bastante éxito.

La salud y los proyectos para productos comerciales pueden afectar drásticamente a las comunidades, volviéndoles dependientes en los ciclos internacionales, la demanda externa, el tipo de cambio, etc. No nos toca que deben o no incorporar (apropiar, como dicen en Quiatoni), es a las comunidades tomar esas decisiones; sin embargo, nosotros les podemos dar la información que nosotros tenemos. No son comunidades aisladas, sino han tenido una relación estrecha con el mercado durante siglos (ver por ej., el caso de la cochinilla, Young 1978, Hamnett 1986), y casi siempre en forma desventajosa, lo cual les ha hecho sospechosa, y debidamente, de la ayuda externa.

La Evaluación de los antropólogos

La evaluación de los proyectos de desarrollo ha llegado a ser una industria de crecimiento rápido, debido a los nuevos reglamentos internacionales que requieren de planes y evaluación para todo, aunque hay unos ejemplos tempranos. [10] Es aquí dónde muchas veces llaman a los antropólogos, cuando ya es demasiado tarde cambiar el proyecto, y lo que necesitan es la cooperación de los “sujetos.” De la misma manera, este trabajo hace lo mismo—hacer la evaluación pos hoc—con la excepción de que son proyectos de autogestión. [11] La literatura de evaluación muchas veces tiene el tinte de la agencia que la paga. [12] Por ejemplo, el Instituto Nacional Indigenista evaluó sus proyectos de desarrollo agrícola a principios de los 1980s, cuando habían tenido muchos fondos para la producción del maíz como parte del SAM (Sistema Alimenticio Mexicano) desde finales de los 1970s. Para principios de los 1980s, cuando pegó la crisis, los fondos disminuyeron. La evaluación del INI se hizo en términos de etnicidad de la comunidad atendida; porcentaje de fondos en gastos burocráticos vs. asistencia técnica; y resultados productivos. Los resultados muestran que las comunidades servidas se caractericen por su cercanía al CCI (Centro Coordinador Indígena), mas que su grado de marginalización o su etnicidad. El equipo encontró que el INI atendía a las comunidades cercanas, sin tomar en cuenta su población indígena o su grado de marginalización. Además, se encontró que el porcentaje de gastos burocráticos era muy alto (alrededor del 80% del presupuesto), y que había muchos fondos que no fueron ejercidos (Sierra Mondragón y Rees 1992). Lo que no se incluía en el informe, eran los resultados productivos. Tampoco se tocó el tema de la corrupción—el nepotismo, el abuso, y el robo. Los fondos que si llegaron muchas veces no iban al cultivo de maíz, como fue su intención, sino para la compra de un animal para engordar, que fue vendido para pagar el préstamo. En Chiapas decían, “Son antropólogos del INI, ?verdad? Aquí le decimos al INI: y ni hace nada.” Eso es la verdad, ya que los programas de maíz ya se terminaron, y se reemplazaron por proyectos sobre la cultura (que son más baratos) y de producción comercial. Otro cambio a partir de los 1990s, es la evaluación de parte de las comunidades mismas (workbook*; Blauert*).

Para hacer una evaluación de cualquier proyecto de desarrollo, sea de autogestión o no, propongo las siguientes variables: organización e historia (incluyendo participación por género, clase y etnicidad); expansión del mercado, y el medio ambiente. Desde luego, aunque sea difícil (ver Cost y Annis 1988: 70), los participantes y los gestores tienen que tomar un papel importante en cualquier evaluación.

Las evaluaciones hechas por parte de una agencia de desarrollo típicamente hacen caso omiso de muchas de las variables arriba mencionadas, así como muchos otras, incluyendo fecha(s) del proyecto, trabajo de campo, historia local—ecología, economía, etnicidad y clase. El otro tipo es una evaluación crítica, muchas veces por los mismos gestores. Muchas veces incluye etnicidad y clase, historia y cultura—una visión émica como decimos en la antropología de lo que es importante.

Muchas veces los proyectos dependen del trabajo gratuito de los participantes, pero sin una recompensa oportuna al trabajo, muchos campesinos no tienen suficiente tiempo disponible para dedicar a proyectos sin una finalidad clara. Si, con mas trabajo, pueden obtener mas agua, o ahorrar el trabajo de las mujeres en una de sus tareas, pero implica una carga adicional para los hombres; no va a pegar. Si una tienda cooperativa implica una intensificación de trabajo para los socios, pero precios mas bajos para los básicos, a lo mejor va a tener éxito. Muchas veces concebimos a los campesinos con mucho tiempo libre, sobre todo en la estación muerta, pero no es el caso—trabajan todo el tiempo, y en que se puede para poder vivir. Esto implica que muchas veces a la gente, no es que no les interesa conserva la leña (o el agua, etc.), pero que no tienen tiempo para invertir en la conservación.

En el libro de Annis y Hakim (1988), se describen un número de proyectos del Fondo Interamericano (quien patrocinó el libro) similares a los aquí descritos (varios de ellos también recibieron fondos del IAF). Empiezan con una definición del desarrollo autogestionado como proyectos sin condiciones, sin política, con transferencia de recursos, y que a veces funcionan y a veces no. Sin embargo, ellos concluyan que son los mejores proyectos en existencia (Annis y Hakin 1988:3). Debido a este tipo de proyecto, las comunidades retienen la “energía” positiva (?será el conocimiento a que se refieren?) aun si fracasan los proyectos; cuya energía puede posteriormente volver a emerger como movimiento colectivo o, por lo menos, solidaridad (Hirschman 1988:8).

Ninguno de los casos presentados en Annis y Hakim (1988) prueban que la autogestión hace mas que crear la solidaridad; no hay evidencia de “desarrollo” en el sentido de un aumento en la producción, el ingreso, o la calidad de vida. Muchas variables claves no se toman en cuenta, como son el género, la historia, clase social y etnicidad. Muchas veces no mencionan el orígen del proyecto. Los casos describen la producción de subsistencia (tierra) (Smith, Rehnfeldt y Barbierie 1988), la generación y control de ingresos en efectivo o salarios (principalmente del turismo) (Breslin y Chapin 1988, Healy y Zorn 1988); la organización de trabajadores(Scurrah y Podesta 1988); y el abasto de bienes de consumo básico a través de cooperativas de consumo (Flora y Flora 1988, Tendler, Healy y McLaughlin 1988).

Tendler et al. concluyen que las cooperativas de consumo, similar a las de San Pedro Quiatoni y La Jarcia, si no desarrollan una organización interna, administración y auto-evaluación, muchas veces no funcionan (1988:113). Flora y Flora (1988) describen una cooperativa Colombiana y encuentran que las tiendas pequeñas y asiladas tienen mas éxito; concluyen que inversión local es necesario y que a lo mejor la inversión externa puede tener efectos negativos. En suma, habían pocas cooperativas de consumo que duraran mas de diez años, y ellos tenían niveles de organización anteriores.

La iniciativa para estas cooperativas no queda claro, ni el papel de las mujeres en el éxito de ellas, aunque Tender et al. concluyen que ni el número de socios ni la organización democrática parecen ser necesarios, si funciona bien la cooperativa (1988:87). Parece que el consumo puede ser una intervención mas efectiva que la producción comercial.

La participación comunitaria en el abasto rural de agua es otro tipo de proyecto (Cost y Annis 1988). El hecho es que casi todo el agua doméstico en el mundo no llega a las normas internacionales de salud, hace que el agua sea vista como un problema prioritario de salud por la gente de fuera (Riley y Murphy sf). Sin embargo las comunidades locales pueden preferir mas agua, aunque sea de mala calidad, como mas importante que el agua pura. Un ejemplo viene de La Jarcia. En Julio de 1989, una reunión de la comunidad de base, después de rezar, el líder del grupo les preguntó a los socios, ?cual es su problema mas apremiante? Mientras que algunos mencionaron problemas de salud, de trabajo, el problema que mas se mencionó fue el del agua, y no el agua pura, sino la escasez de agua. La tarea que les dejo para la siguiente reunión fué de traer posibles soluciones a este problema. Para una gringa guera clase mediera, quien acababa de cruzar a pie una atascadero de lodo para llegar a la casa de la reunión, el agua purificada venía a la mente como la necesidad prioritaria. Sin embargo, después de una reflexión, me dí cuenta que las clínicas y los sistemas de agua potable no son tan efectivos en mejorar la salud como es un abasto suficiente de agua.

De hecho, la gente en las comunidades tiendan a tener razón en su evaluación de las necesidades, y el uso mas eficiente de los escasos recursos que tienen o que les llegan. Muchas veces la gente de fuera impone sus valores e ideas (por ejemplo para agua potable). Un caso reportado por Cost y Annis es un proyecto de autogestión de agua que incluye la purificación, pero que enfatiza el abasto, y incluye la participación de los hombres y las mujeres.

Sin embargo, ninguno de los proyectos que afectan positivamente a la salud de la población local, tomen en cuenta su efecto en el crecimiento demográfico que puede causar. Por lo tanto, no incluyen apoyo para la planificación familiar en ellos; una perspectiva holística es necesaria para cualquier proyecto—no existen en aislamiento la salud, los recursos, el trabajo, las relaciones sociales.

Los proyectos de turismo permiten a los grupos locales mantener control sobre sus recursos a la vez que generan ingresos. Los Kuna de Panamá (Breslin y Chapin 1988) son el caso mas destacado de turismo por que han tenido mucho éxito, pero la fuerza y visibilidad de su identidad étnica (idioma, vestido, tecnología) también nos gusta a nosotros los románticos antropológicos. Los Kuna manejan sus proyectos en forma democrática y mantienen el control local aun cuando piden apoyos externos. Sin embargo, no mencionan el papel de las mujeres, ni queda claro cuales van a ser los efectos a largo plazo en la economía.

  • Resultados de proyectos de autogestión

Los resultados de los proyectos de autogestión pueden incluir la solidaridad del grupo (aunque hay muchos casos de división interna) en base al trabajo voluntario que requiere. En algunos casos, la necesidad las ha llevado a consideraciones del papel de la mujer y los problemas que esto implica (Quiatoni, La Jarcia). No queda claro si los proyectos generan mas ingresos o mas producción, sin embargo, en el caso de las cooperativas de consumo, si proveen de básicos a un precio mas económico. Es notable que la conservación y la reforestación solamente se hizo en una comunidad relativamente rica (Huitzo), y con trabajo gratuito.

También es necesario no que nosotros evaluemos, sino que las comunidades llevan a cabo su propia evaluación. De hecho, no debería yo estar presente en esta conferencia, sino las personas que viven los proyectos, los actores. Nosotros, los antropólogos, no somos expertos, sino cuando mucho, una herramienta al servicio de los actores. No sabemos nada realmente, no sabemos de fertilizantes, de medicina, de tecnología, etc. Lo que sabemos es como trabajar la burocracia y como hacer puentes entre diferentes culturas. Los grupos locales ya saben que les es importante, sabe cuales son los problemas que enfrentan; muchas veces no saben sobre posibles soluciones a esos problemas.

 

Les agradecemos a todos su participación [en este taller], pero ya es tiempo que ustedes, “los expertos”, nos dejan hablar (Eucario Angeles Martínez, GADE, Oaxaca, 1987).

 


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Notas:

[1] Gracias a Salomón Nahmad por esta definición de la antropología aplicada (Miradas Antropológicas, 5 Abril, 2001, Jalapa, Veracruz).

[2] Ver por ejemplo: Andreas 1985, Hellman 1990, Aranda Bezaury 1988, Nash 1983, Nash y Safa 1986, Stephen 1991, Young 1978, Arizpe y Botey 1987.

[3] En general la antropología aplicada temprana tenía la intención de enseñarles a los agentes externos como “hacerle mejor”—conocer la cultura, sensibilizarse a las consecuencias inesperadas, etc. (Spicer 1965:7). Spicer vea la resistencia notoria de los campesinos al cambio como una respuesta lógica a los agentes de cambio antagóncos, clasistas y racistas. El Proyecto Vicos en Péru (Holmberg et al. 1965) representa un intento al desarrollo integral, y incluyen muchos de los principios mencionados por Spicer en su primera edición en 1952 (Spicer 1965). Spicer acepta la crítica de su primera edición en el sentido de que no incluye el sistema mundial, sin embargo, el enfatiza la importancia de la autogestión, el nivel de base de la práctica humana (1965:8).

[4] Aparte del español, se hablan por lo menos 17 familias de lenguas indígenas en Oaxaca. Un mínimo de 40% de la población del estado de Oaxaca es indígena; con 5% de la población indígena del país. Los grupos indígenas mas numerosos son los mixtecos y los zapotecos (Alvarez 1982:122-123).

[5] Los campesinos son pequeños agricultores quienes consumen la mayor parte de su producción (Wolf 1966, Cook y Binford 1990).

[6] Con resultados mixtos (ver Sierra y Rees 1992).

[7] Socios acusan al gobierno de robarles el dinero que les dio para la compra de fibra.

[8] ANADEGES administra un fondo de préstamos de la Fundación Interamericana.

[9] Otro ejemplo de cooperación intercomunitaria es cuando los Pueblos Mancomunados les prestó a Quiatoni la maquinaria para aplanar su camino.

[10] Una obra clásica es la de Spicer (1965). Ejemplos de evaluaciones de los 1970s incluyen Lang 1969 y Spicer 1952.

[11] Ejemplos de obras de los 1980s son De Walt 1985, Annis y Hakim 1988, y Hirschman 1988.

[12] Otras evaluaciones incluyen Cernea 1985, Bennett 1988, Eddy y Partridge 1978, Overseas Development Council 1988, World Resources Institute n.d.